miércoles, 16 de abril de 2014

Isanrra: Capitulo 2 Amnesia

Capítulo anterior:  La cueva


Capítulo 2: Amnesia

 

Abrió los ojos al sentir un agudo frio sobre la mejilla, tenía la piel de gallina debido al contacto de la roca sobre su pálida piel.

<< ¿Dónde estoy? >> Pensó aun aturdida.

Crispada  efectuó una pequeña pirueta para ponerse en pie con torpeza mientras frotaba sus ojos. Miro al rededor, ¿Dónde estaba? Fiora, tardo unos segundos en orientarse, pero lentamente fue reconociendo el lugar que le daba cobijo. No había duda de que seguía en la cueva, de alguna manera, en algún momento que no alcanzaba a recordar, se había quedado dormida sobre una gran roca, con la mochila a sus pies. <<Podría jurar que la deje en el campamento>> especulo aturdida.

Por más que lo pensaba aquella situación carecía de sentido, la muchacha tenía la cabeza echa un lio, trabajando a toda potencia, paseando por cada recodo de su mente, tratando de recordar con toda la fuerza que poseía que había sucedido, porque estaba allí.  Lo último que alcanzaba a recordar era que regresaba junto con Cora y Erick al campamento, eso lo tenía claro y luego… nada. No había nada más. El resto había sido eliminado de su memoria. No podía si no preguntarse si es que finalmente volvieron a la cueva.

Dejo de lado aquellos pensamientos y miro el reloj deseando que no fuese demasiado tarde para volver al campamento, su rostro se ensombreció al darse cuenta de que había pasado la noche allí.

Con un atisbo de preocupación busco a sus amigos con temor de haberlos perdido. Le tranquilizo ver que Erick se encontraba no muy lejos de ella, aferrando su bolsa y roncando como un león. Él también poseía su mochila, pensó. Se aproximó hacia él agachándose para apartarle con dulzura un mechón negro y ondulado que caía por su rostro y recolocándole las gafas en su sitio. Estaba tan guapo...

Nunca supo exactamente como llego a pasar. En algún momento de su vida, los sentimientos por el comenzaron a ser algo más que simple amistad. Obviamente Erick no era conocedor de estas emociones y aunque le doliese, se negaba a estropear todo lo que tenían por confesarle un deseo que probablemente él no tendría por ella. Igualmente Fiora no parecía ser de ninguna manera su prototipo de chica, él parecía más de chicas como Cora. ¡Cora! Fiora se levantó de un brinco buscando con la mirada a su amiga perdida. No la veía por ninguna parte y entonces se dio cuenta de algo.  Al observar con atención se percató de que no estaban en el estanque. Seguramente se habrían adentrado en lo más profundo de la cueva. Esta al igual que las otras zonas, tenía unas pequeñas grutas por las cuales se filtraba la luz del sol.

- ¡Despierta zángano, hemos perdido a Cora!

- Umm… cinco minutos más…

- ¡Señor! ¡Pero qué capacidad de dormir tienes! ¡Vamos levántate! seguimos en la cueva, parece que hemos pasado aquí la noche… ¿y Cora?

- ¿Qué pasa con Cora? - Susurro Erick adormilado. Fiora no supo si sentirse ofendida por que aquellas palabras fuesen lo único que había escuchado, o darle un tortazo para que espabilase. Finalmente se decantó por lo segundo.

- ¡Auuuutch! ¿A que ha venido eso? - Se incorporó de golpe. Objetivo conseguido.

- ¿Es que no has oído nada de lo que te he dicho?

- Cueva… tortazo… Cora…  - Erick se llevó la mano a la mejilla masajeando sutilmente la zona en la que recibió el impacto. Parecía estar repasando lo ocurrido mentalmente, pero ¿se estaba quedando dormido otra vez? ¿Le atizaba otro tortazo? Fiora preparo la mano para el segundo asalto, cuando de improviso, su amigo, abrió los ojos de par en par y se levantó de golpe.

- ¡Fio! ¿Qué hacemos aquí?

- ¡Al fin! Eso te estaba preguntando pedazo de melón. ¿Qué es lo último que recuerdas?

-Pues… volvimos al campamento… y… y…

- ¿Y?

- Y… nada. ¿Por qué estamos aquí? - Pregunto de nuevo mientras agarraba su bolsa con una mirada incrédula. Parecía igual de perdido que ella. - ¿Cuándo hemos vuelto?

 - Tal vez regresamos al campamento en busca de los trajes de baño - cavilo Fiora un tanto insegura encogiéndose de hombros  - supongo que volvimos con Cora para darnos el chapuzón que tanto ansiaba, pero ¿Dónde está ella?

La muchacha bajo la mirada para observar su vestimenta y comprobar que efectivamente vestía la misma camisa de cuadros marrón del día anterior que parecía estar seca, y observo también que no tenía el bikini puesto por debajo. Su amigo pareció comprender y rebusco en la mochila sacando su bañador.

- Parece que no llegamos a darnos ese chapuzón. Que extraño.

- Venga vámonos, los chicos estarán preocupados, y aquí hace demasiado frio. Acabaremos cogiendo una pulmonía -Indico Fiora a su amigo tirándole del brazo. Definitivamente no comprendían que hacían allí, pero Lo mejor sería regresar al campamento.

No les costó demasiado encontrar la salida. Atravesaron un par de pasadizos y siguieron caminando dejándose guiar por el viento que entraba en la cueva. Una vez llegaron al exterior ambos muchachos avanzaron cansados sin mirar lo que les rodeaba, hasta que de repente Fiora se detuvo en seco, provocando que su compañero chocase de lleno contra ella.

- ¡¿Pero qué diablos?! ¿Dónde estamos? Por aquí no es por donde hemos entrado.

Erick, reacciono a las palabras de la joven situándose delante de ella, miro a su alrededor perplejo sin comprender muy bien cómo podían haber andado tanto sin percatarse de la situación. Con un violento  movimiento de torsión, el muchacho le tendió a su amiga la bolsa que cargaba sobre sus hombros y la apremio a esperarla en aquel lugar mientras el daba marcha atrás en busca de la entrada por la cual habían accedido a la cueva.

 

Esperó durante lo le que pareció una eternidad, sentada en una gran explanada verde. Una preocupación insana amenazaba con apoderarse de ella, se sentía intranquila, nerviosa, ¿Y si Erick se había perdido? ¿Debería haber ido con él? ¿Debía entrar a buscarlo? Pero… ¿y si él salía justo cuando ella entrase a la cueva? No, lo mejor sería darle un voto de confianza y seguir esperando con paciencia al regreso de su amigo.

No podía dejar de darle vueltas al hecho de cómo habían llegado hasta aquel punto. Se sentía del mismo modo que cuando se apuntaba a una fiesta, y bebía dos copas de más. A la mañana siguiente todos los datos eran confusos, estaba  mareada y desorientada. Pero en aquella ocasión no recordaba ninguna fiesta, ni siquiera había probado una gota de alcohol, lo mejor sería dejar de especular en el cómo, y buscar una solución.

Dejando atrás sus pensamientos poso la mirada en el entorno que la rodeaba, sin duda el paisaje que se mostraba ante ella era hermoso. A diferencia del lugar por el que accedieron a la cueva, en aquel otro lado la vegetación era aún más abundante. Las flores, de todo tipo de tamaños y colores, crecían tanto por aquella extensa llanura como por los árboles, en general todo parecía más vivo y en armonía. Fiora se preguntó cómo no podía haberse dado cuenta antes de semejante belleza, pero por algún motivo que no entendía, se sentía muy cómoda y segura. Estar entre la naturaleza siempre le hacía sentir bien, pero aquella sensación era aún superior. Aquel lugar continuaba siéndole familiar.

- Lo siento - Erick le saco de sus pensamientos dándole un pequeño susto, pero agradecida al fin y al cabo de que su amigo se encontrase a salvo. El muchacho se sentó junto a ella jadeando, como si hubiese echo aquel recorrido corriendo. - Aquello es un laberinto, pensé que no lograría encontrar la salida de nuevo. Tendremos que buscar el campamento por este lado el bosque. No estará muy lejos - Término dándole un repaso a toda el área con mirada. No pareció darse cuenta de la lindeza que se presentaba ante él.

 

La oscuridad se hizo cada vez más presente y la noche los alcanzó. Caminaban ahora bajo la luz de la luna, ya era oficial, estaban total y completamente perdidos. Los muchachos anduvieron todo el día, las piernas ya se sentían agarrotadas y sus mochilas, a pesar de las pocas pertenencias que portaban, parecían estar llenas por bastas piedras. Ambos deseaban descansar, pero ninguno pareció estar dispuesto a admitirlo, a aceptar el hambre y la sed que tenían desde hacía horas, pues el miedo que sentían a no encontrar el camino de vuelta a casa era mayor que el de dar un trago de agua o descansar. Fiora, no hacia si no imaginarse en su casa, sentada en el sofá cubierta con una manta, tomándose un tazón de caldo y observando jugar a su preciada gata Missi.

 Aquellos pensamientos le daban fuerzas para seguir luchando y seguir caminando. No obstante, por mucho que tratase de engañarse a sí misma, aquella noche no volvería a su hogar. No lograron encontrar el camino de vuelta y para colmo de males los móviles no tenían cobertura. El pánico le inundaba de nuevo, pues realmente fue consciente  de que tendrían que pasar la noche a la intemperie.

- ¡Detente! ya no puedo más Erick, llevamos andando todo el puñetero día y no hemos parado ni a comer. ¡Necesito un descanso urgente! - Ordenó más que pidió. Arrojo la mochila contra un árbol y se sentó con las piernas cruzadas, su amigo la imito y se sentó frente a ella. Tras varios suspiros y un incómodo silencio, Fiora saco un par de bocatas de la mochila y lanzo uno a su amigo que lo cogió en el aire. Erick parecía algo incómodo ante aquel gesto.

- Será mejor que lo guardes Fiora, no sabemos cuánto tiempo pasaremos aquí, tenemos que reservar la comida para cuando suceda lo peor.

- Mira que eres catastrófico. Seguramente mañana encontraremos el camino a casa, nuestros amigos nos estarán buscando, no creo que estemos muy lejos - dijo dubitativa-. Con respecto al bocata te dije que te traería uno, así que cállate y come, además si no se pondrán malos. - Tras observar que él continuaba con expresión dudosa, apremió - Míralo de este modo, cuando volvamos a tener hambre dame uno de los tuyos y listo.

- Veras… yo solo he traído un par de sándwiches y barritas de cereales, no sería justo para ti, este bocata es más grande.

- ¡Por el amor de dios Erick! Pues más razón aun. Tenemos que alimentarnos, repartamos lo que tenemos en las mismas cantidades. - Erick se quedó buen rato pensativo mientras observaba el bocata de nuevo. Finalmente asintió y no pareció poner más pegas.

- ¿Qué va a pasar ahora? - Pregunto Erick con la boca llena.

- ¿Qué quieres decir?

- Bueno… ya ha oscurecido, no podemos seguir andando por ahí como si nada, está claro que nos hemos perdido, nuestro sentido de la orientación es nulo, además  vete a saber dónde diablos quedo esa cueva del demonio. - Hizo una pausa - ¡Maldita Cora! “vamos a darnos un baño” ¿porque que la haremos caso y dónde coño esta? ¡Seguro que volvió al campamento sin nosotros! ¡Maldita bru…

- ¡Erick! No sabemos dónde está, tal vez se encuentre igual de pérdida que nosotros y lo que es peor, sola.

- Sí, es una posibilidad - dijo con la voz más pausada - Lo siento Fiora, es solo que pensar que podría haberse largado sin más, me pone nervioso.

- Admito que también se me ha pasado por la cabeza, pero tenemos que darle el beneficio de la duda, y si se ha ido pues bueno al menos estará con los demás, y podrá guiarles hasta la zona por la que nos perdimos - confeso la muchacha-. Con respecto a lo de que haremos… por el momento pasaremos aquí la noche. Necesitamos reponer fuerzas y eso sin contar el mal rollo que me da vagar por un lugar desconocido de noche.

- Supongo que tienes razón.

 

La luz de la luna pareció ocultarse tras unas oscuras nubes, los ruidos se tornaron desiguales en comparación a los que se apreciaban por el día. La cantilena alegre de los pájaros había desaparecido y en su lugar, el canto de los grillos resonaba en la noche con gran insistencia. De cuando en cuando se escuchaba cierto aullido aterrador, y otra serie de sonidos que no deseaban averiguar a qué animal correspondía. Tanto la oscuridad como aquellos extraños sonidos, los hacia permanecer intranquilos, cada vez tenían más miedo y no conseguían dormir.

La temperatura disminuyo copiosamente, por lo que ambos muchachos se vieron obligados a ponerse las sudaderas que guardaban en las mochilas. Erick al ver que su amiga temblaba como un flan se quitó la suya y se la ofreció, pero esta la rechazo con dulzura alegando que él también debía resguardarse de la fría noche, lo último que necesitaban era enfermar.

La rigidez del suelo les impedía adoptar una buena postura para conciliar el sueño, algunas piedrecillas endemoniadas sobresalían y se les acababa clavando en la espalda o el costado. Finalmente la muchacha opto por acurrucarse junto a su amigo en busca de calor, y algo más de comodidad, este acaricio su rojizo cabello de forma distraída y Fiora se sumió en un profundo sueño.

 

 

Debía quitárselo de encima lo antes posible o terminaría por asfixiarla, luchó desesperadamente por zafarse de él, se revolvió, pataleo incluso logro propinarle un bocado, pero aquel hombre tenía un brazo demasiado fuerte para ella.

Aquella noche le había tocado hacer la guardia nocturna, mientras sus compañeros dormían alrededor de una hoguera, hasta escasos minutos atrás, se sentía muy segura y despreocupada de cualquier tipo de peligro, pues no tendría que haber habido riesgo alguno, los soldados que los seguían con la basta intención de acabar con sus vidas, habían quedado varias millas atrás. No obstante la joven tuvo una extraña sensación segundos antes de que la cogieran por sorpresa.

La muchacha estaba perdiendo el conocimiento, ansiaba desesperadamente que el oxígeno volviese a sus pulmones, cuanto más lo deseaba más veía llegar su triste final, respirar cada vez era una tarea más costosa. Quiso gritar desesperadamente pidiendo auxilio a sus compañeros que aun dormían, pero de su garganta no salió sonido alguno. Desesperada volvió a llevar su mano a la empuñadura de su espada pero lo único que logro fue rozarla con la punta de los dedos. Demasiado tarde…

Sin comprender del todo el por qué, de nuevo el oxígeno volvió a entrar en sus pulmones, con gran fuerza inhalo y expiro de forma aún más exagerada inclinada con las manos en las rodillas. Se giró en torno a ella para averiguar cuál había sido la causa de su liberación y…

Sangre.

Nerissa se hallaba de pie junto al cuerpo inerte de la persona que intentó estrangular a Fiora, tenía la mandíbula manchada de sangre y unos largos y ensangrentados colmillos asomaban entre sus dientes. Al mismo tiempo su espada aun chorreaba el espeso líquido rojo. Tenía una mirada extrañamente aterradora. Aquellos ojos… había algo diferente en ellos. Ira, rabia.

Fiora escudriño con los ojos abiertos el cadáver que tenía a los pies y reparo en los tatuajes negros de su rostro. No pareció sorprendida por la conducta de su compañera.

- Soldados de Dayron - observo su salvadora en un tono lleno de ira.

- Si él está aquí los demás no andarán muy lejos. Será mejor que nos pongamos en marcha - Fiora se giró con determinación en busca del último miembro del escuadrón que aun dormía sin ser consciente de absolutamente nada de lo que había sucedido-. Levántate Adelbert ¡Nos vamos!

 

Sin lugar a dudas fue un extraño sueño, desde luego no era ella, no podía ser Fiora, la mujer de sus sueños parecía una autentica guerrera dando órdenes y hablaba de un tal... Da… Dami… ¡Dayron! ¿Quién diantres era ese  Dayron? Fiora comenzaba a sentirse algo exasperada pues aquellas quimeras cada vez eran más frecuentes y mucho más vividas y para colmo de males seguía sin comprender si aquellos dichosos y entrometidos sueños realmente significaban algo lógico.

En una ocasión, uno de los psicólogos que la trato, especulo sobre que aquellos sueños se debían a causa de una vida, unas personas, unos amigos que ella misma había inventado en su subconsciente para compensar la soledad que la rodeaba, y así pues alejarse de una forma más permanente del mundo real. era cierto que no se sentía muy feliz en el mundo en que vivía, debido en gran parte a la codicia, la ambición, la falta de humildad de las personas, lo destructivas que eran la forma en la que estas evolucionaban le hacían replantearse ciertos aspectos de la vida. Pero Aun con todo, bajo ningún concepto Fiora aceptaría que se estaba inventando un universo nuevo para sustituir el suyo propio. Desde luego no sabía que significaban aquellos sueños, pero ¿acaso importaba? No eran más que absurdas fantasías al fin y al cabo.

 

Un lejano ruido atrajo su atención. Aún no había amanecido, pero no faltaba demasiado. ¡Crash! Ahí estaba de nuevo. Levanto la mirada para observar a su amigo Erick que se había quedado dormido con la cabeza apoyada en su morral.

- ¡Erick despierta! He oído algo.

- Ummm… un poquito más…  

<< No me lo puedo creer ¡siempre igual para despertar a este hombre! >> pensó Fiora con desesperación. Se levantó de un brinco dejando a su amigo tendido en el suelo. Este lentamente comenzó a desperezarse profiriendo un leve grito de satisfacción al estirarse sobre la hierba.

- ¡Tss! No grites he oído ruidos, me parece que hay alguien por aquí.

- ¿Dond… - Fiora se acuclillo con rapidez para taparle la boca con la mano. Lo había vuelto a oír, estaba completamente segura de ello.

Permanecieron varios minutos como dos animalillos asustados, con temor de mover un solo musculo, ¿y si el sonido que escucho se trataba de las pisadas de una bestia acechando a su presa? Transcurrido un tiempo, daba la impresión de que fuera lo que fuere que los observaba había decidido dejarlos en paz. Ya no se escuchaba ningún tipo de sonido fuera de lo común, por lo que Fiora propuso a su amigo continuar con el camino de vuelta a casa, no debían perder más tiempo.

Recogieron todas sus pertenencias, no es que hubiese demasiadas ya que se dejaron gran parte de ellas en el campamento. Aquella noche, algo que echaron especialmente en falta, a parte de la sensación de protección que pudiere haberles ocasionado la tienda de campaña, fue el hecho de sentir el calor del saco de dormir sobre sus cuerpos, un simple jersey no había sido suficiente para acabar con el gélido frio de la noche.

 

 

Todos los caminos parecían iguales ¿Cómo podía orientarse nadie entre tanta vegetación? Los dos amigos se sentaron bajo un viejo roble, Fiora solía tener un buen sentido de la orientación cuando iba al bosque, pero aquel paraje la descolocaba demasiado, todo le era familiar y al mismo tiempo no conseguía ubicarse. Así mismo nada le recordaba en absoluto a ninguna zona que ella conociese, ningún camino que la pudiera llevar a casa, era casi como si no estuviesen en el mismo mundo. Habían pasado varios días y los caminos que tomaban cada vez eran más frondosos, los senderos que atravesaban cada vez eran más arbolados, nada era familiar y al mismo tiempo si lo era. La posibilidad de encontrar el pasaje de vuelta a casa se vio cada vez más lejana, probablemente sus amigos ya hubieran avisado a las autoridades de la desaparición de Erick y Fiora y estuviesen ahora buscándolos.

 Tan solo les quedaba de comer, una barrita de cereales y una manzana verde y arrugada que tendrían que repartir entre ambos. Fiora observo a su amigo que mostraba un aspecto cansado, unas pequeñas bolsas moradas asomaban bajo sus ojos y la suciedad inundaba todo su rostro, las manos, las uñas incluso la ropa se veía andrajosa y desgarrada. << ¿Tendré yo el mismo aspecto de vagabunda? >> pensó la muchacha de un modo inconsciente.

Hacía días que se les acabaron los temas de conversación, cualquier cosa que pudiesen decir sonaba horrible. Hablar de su hogar era sin duda la peor de las opciones ya que los dos deseaban encarecidamente estar allí. Debatir sobre el futuro también carecía de sentido, pues habían admitido que estaban más perdidos de lo que les pareció en un primer instante. Por más que anduvieron no dieron con ningún tipo de pueblo, ni siquiera descubrieron signos de civilización.

Fiora volvió a mirar el llavero que sostenía entre las manos, con la foto de su padre por un lado y de su gatita atigrada por el otro. Cinco días fuera de casa, pensó realmente preocupada por Missi. Le aterraba volver a casa y que le hubiese sucedido algo malo. No podía si no rezar por que el padre de Erick, que poseía una copia de las llaves de su hogar, se hiciese cargo ahora de alimentarla, lo cual sería lo más probable.

La muchacha aún tenía la inquietante certeza de que aquel animal que le asusto la primera noche que pasaron a la intemperie los estaba siguiendo, aunque no le comento nada a Erick para no preocuparlo más de lo que seguramente ya estaría. Fiora pudo ver la mañana anterior un pégale gris seguido por una enorme zarpa de alguna especie de depredador, probablemente algún felino, y poco más tarde cuando el día avanzo, vislumbro entre las sombras al acecho unos inquietantes ojos esmeraldas. No cabía duda de que el animal los estaba tanteando, tal vez con la intención de atacarles cuando estos bajasen la guardia.

- Vamos a tener que buscar algo para comer o moriremos de hambre. - Erick hablo de improviso, sacando a su amiga de sus pensamientos. Su voz sonaba ronca.

- O de sed - objeto Fiora poniendo la cantimplora del revés dejando caer las escasas gotitas de agua. - Mi cantimplora ya está vacía y a la tuya poco le queda.

- En realidad se acabó anoche, lo siento, tenía la boca más seca que una uva pasa.

- No te disculpes conmigo. Saldremos de esta, ya lo veras. - Aunque en realidad no estaba muy convencida de sus palabras.

No soportaba  verlo así, a pesar de que aún conservaba esa pequeña chispa que tanto le caracterizaba, ya nunca sonreía y solía adoptar un modo negativo. Erick siempre era quien tiraba de ella, el que la animaba a seguir adelante, el positivo de la relación. Pero en esa ocasión… era Fiora quien debía hacerlo, debía luchar por los dos, mantenerlos a salvo. La joven llego a pensar que en algún momento de aquella expedición su amigo entro en alguna clase de trance, aunque no podría asegurarlo.

- Quédate aquí, voy a ver si veo alguna mora o algún tipo de fruta por los árboles.

Si bien Fiora hubo estado especulando con la caza de animales el día de la acampada, realmente no sentía que pudiera hacerlo, no sentía que pudiera arrebatar una vida con sus propias manos, y mucho menos aun la de un ser tan inocente y puro.

- ¡De eso nada! No pienso dejarte sola voy contigo.

- Está bien, vamos.

No deseaba discutir con él, por lo que acepto con pesar su proposición. Ansiaba que Erick se sentase a descansar un rato, mientras ella se encargaba de buscar alimento, por otro lado sintió gran alivio de que le acompañase, pues pensar en permanecer demasiado tiempo separado de él le aterraba ¿Y si pasaba algo? ¿Y si perdía a su amigo y no le volvía a encontrar?

Los muchachos rebuscaron entra la basta vegetación hasta que finalmente hallaron unas zarzamoras, Fiora se rasgó la mano un par de veces tratando de atrapar el fruto que esta le ofrecía, aun así logro hacerse con un puñadito que metió en la fiambrera ahora vacía de su amigo, donde anteriormente estuvo el lomo que llevo a Missi. También halló unas setas, no obstante no podía asegurar si eran comestibles. El padre de la chica trato de enseñarle cuales eran buenas y cuáles no lo eran, pero la muchacha siempre se aburría con esas clases y no prestaba demasiada atención. Cuan arrepentida se sentía entonces. Sin embargo, sí reconoció otro tipo de hongos que se hallaban no muy lejos de donde estaban los primeros. Fiora supo al instante que eran comestibles por lo que agarro todos los que había y los coloco junto con las moras. Siguió andando con la buena suerte de encontrar bajo unas hojas, unas cebollas silvestres. ¿Cómo habían estado tan ciegos de no ver todo el alimento que les ofrecía aquel paraje?

La muchacha no pudo evitar preguntarse como cocinarían aquello.

Erick se encontraba cerca de una charca llenando las cantimploras. El agua parecía ser potable. Cuando termino se giró y miro sonriente a su amiga mientras se acercaba a ella. Por fin aquella sonrisa que tanto anhelaba, ¿volvía a ser él? Finalmente podrían saciar el hambre y la sed. La suerte parecía haberse puesto de su parte.

¿¡Pero que!? ¿Qué había sucedido? De repente Erick cayó desplomado en el suelo. Fiora Corría lo más rápido que podía para auxiliarle, pero... << ¡Auh! >> Noto un pinchazo en el cuello, sentía pesados todos los músculos del cuerpo. Se cayó al suelo. Los parpados le pesaban demasiado…. ¡Oh no! era demasiado tarde, estaba perdiendo la consciencia.

<< Erick, lo siento. >>

 

 

 

 

 

 






 Capítulo 3: ¿Quién es ella? 

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