viernes, 30 de mayo de 2014

Lazos eternos: Capítulo II



Tras un largo e intenso día, al fin habían llegado a casa. Lo primero que hizo Donna fue tirarse en la cama y arrojar las botas contra el suelo. Yenedey sin embargo, fue derecho a la nevera a beber un poco de Coca-Cola fría directamente de la botella. Por la mañana habían ido a la montaña, anduvieron un par de horas hasta llegar a la cima. Una vez allí prepararon un gran picnic con las cosas que habían llevado, santwich, manzanas, galletas de chocolate, unas nueces, y un par de botellas de agua. Todo esto sobre un mantel de cuadros rojo, como tantas veces habían visto en las películas. Después de comer se echaron abrazados sobre  una manta gris para disfrutar del cálido sol. Por la tarde cuando ya empezó a refrescar, recogieron todo y bajaron de nuevo a la ciudad. Como ultima sorpresa Yenedey Sura invito a Donna a cenar en un elegante restaurante, después de una sesión de cine.
- ¡Awh! menudo día eh…
Susurro Yenedey lanzándose sobre la cama
- Estoy reventada, hacía mucho que no salíamos.
- ¡Ay ven aquí! ­- indico el muchacho rodeándola entre sus brazos. - Tengo que decirte algo, pero no te va a gustar.
- ¡Vaya! ¿Por eso ha sido todo esto? ¿La excursión, el cine, la…
- ¡No, no, no! Quería pasar el día contigo, eso es todo. Pero...
- ¡Venga suéltalo ya!
Donna se había incorporado cruzando las piernas sobre las mullidas mantas, por lo que Yen no tuvo más remedio que imitarla.
- No es tan grave, es solo que voy a irme a pasar el verano con mi familia, he hablado con mi madre y se lo prometí.
- Ah, es eso. ¿Todo el verano?
No entendía por qué Yenedey pensó que no le gustaría, sí, era cierto que pasarían bastante tiempo separados, pero también entendía que estar con su familia era algo que le hacía feliz y que de hecho lo necesitaba.
- Si, volveré cuando empiecen las clases.
- Me parece bien. ¿Me llamaras?
- Sabes que sí, preciosa. - Concluyo besándola con pasión.

La siguiente semana fue muy dura para Donna, pues aunque sabía que su amado contactaría con ella y que solo serían un par de meses, no podía evitar pensar en estar más de siete días sin él. Las pocas veces que se había ido, lo había echado muchísimo de menos, por no mencionar la de barbaridades que se le pasaba por la mente, tales cosas como: <<¿Y si ya no me quiere?, ¿y si no vuelve?, ¿y si se olvida de mí?>>. No es que fuese una persona dependiente ni mucho menos, sin embargo lo había pasado tan mal, que tenía miedo de que le rompiesen el corazón de nuevo. Otra de las razones era que no se sentía segura de sí misma, se veía como una chica del montón. Sin embargo Yenedey era… un ángel caído del cielo. Era un poco más alto que ella, esbelto y musculoso con una tez ni muy pálida ni muy morena, su cabello tan negro como la noche y unos preciosos ojos castaños. Así es como ella lo veía, como la cosa más bonita del universo. Pensaba en por que alguien como él se habría fijado en alguien como ella. << Sí, el físico no lo es todo, aunque en la sociedad en la que vivimos hoy en día, te dan a entender todo lo contrario. Él podría estar con quien quisiera, de hecho sé que hay un par de chicas interesadas en él, sin embargo esta conmigo...>>  A pesar de las dudas de la muchacha Yenedey le quería, se quedó prendido por ella casi al instante en que la vio. Le pareció… diferente. No era la típica mujer manipuladora, controladora y amargada, ella estaba siempre alegre, riendo casi por cualquier cosa, una persona muy calmada y con ciertos toques de locura, algo que le encantaba.

Habían pasado tres semanas desde que se fue. La última vez que Yen le llamó por teléfono, estuvieron hablando casi una hora y media. Conversando de cosas sin sentido, lo que habían estado haciendo, historias para pasar el rato y sentirse ambos al otro lado del teléfono. Se echaban mucho de menos.
Sin embargo una mañana recibió una llamada telefónica que le partiría el alma. Malas noticias me temo. Era Sarah la que estaba detrás del teléfono, la madre de Yenedey, Una mujer encantadora que inspiraba confianza a primera vista. Le conto que Yenedey había salido a dar una vuelta en el coche y tuvo un lamentable accidente. Un accidente que acabo con su vida.

*

Abrió los ojos de golpe al mismo tiempo que se incorporaba. Estaba nerviosa y bañada en un mar de sudor. Ahora lo recordaba todo. O casi todo al menos.  Yen había muerto, o eso le dijo Sarah. Lo que estaba claro era que la había mentido y se sentía ofendida y dolida por ello. ¿Por qué lo haría? En realidad no necesitaba preguntarlo, sabía perfectamente porque lo hizo. Ya no la quería, no sabía cómo decírselo y le pidió a su madre que la llamara para fingir una falsa muerte. Ahora si iban a tener que conversar seriamente y sin tapujos. ¿O seria acaso que…? No… ¿Pero cómo explicar el cambio que se produjo en su ciudad?
Unos golpecitos en la puerta sacaron a Donna de sus pensamientos.  <<Genial Yenedey ya ha vuelto>>. Corrió hacia ella y la abrió con un gran impulso, pero no era el quien estaba tras el marco. En su lugar un hombre alto y corpulento de facciones duras pelo corto y piel negra la miraba con aspecto preocupado. Tenía una ligera perilla bajo el labio inferior y  Vestía ropas elegantes. <<Parece un segurata>> Pensó Donna.
- ¿Se encuentra bien señorita Clapton?
- ¿Quién es usted?
- Oh! Discúlpeme, que grosero… Mi nombre es Roger Cutler, soy un gran amigo de Yenedey. Me alojo en el apartamento de al lado, he escuchado gritos y he pensado que tal vez…
- Si si, solo ha sido una pesadilla lo siento.
- ¿Se encuentra el señor Sura en casa?
- La verdad es que no, dijo que volvería al anochecer.
- Ya son las once y veinticinco le llamare por teléfono, lamento las molestias. Si necesita cualquier cosa, señorita Clapt…
- Por favor solo Donna 
- Discúlpeme, si necesitas cualquier cosa estoy en esa puerta.
- Si… ¿Qué día es hoy?
- Veinticinco de mayo
- ¿De qué año?
Tal vez Roger ayudaría a Donna a salir de dudas, aunque parecía bastante reacio a contestar su pregunta.
- ¡Vaya! Ahí viene Yenedey.
- Yo no veo a nadie.
En ese preciso instante el joven y seductor Yenedey Sura giro la esquina e hizo acto de presencia. No parecía demasiado contento más su expresión cambio a preocupación al ver a Donna junto a Roger.
- ¿Qué ha pasado? ¿Te encuentras bien?
- Tranquilo la pobre muchacha solo ha sufrido una pesadilla.
- ¿Y que era?
- Tu muerte - Declaro Donna. Roger y Yenedey se miraron con complicidad ¿A qué se referiría la muchacha con tu muerte? ¿Habría descubierto lo que son?
- Entremos -  sugirió Yenedey.
Una vez dentro los invito a tomar asiento en el sofá, recogió el vaso con la bolsita de tila que había utilizado Donna y en su lugar coloco una jarra de té con tres tacitas a juego y un azucarero rojo.
- Tienes mala cara Donna - Indico Yenedey tocándole la frente - ¿Te encuentras bien?. - Si pudiese ser posible se apreciaría que la muchacha estaba más pálida que de costumbre. Ya no se apreciaban sus mejillas rosadas y bajo los ojos empezaban a asomar unas bolsas azules además de que sus labios comenzaban a ponerse morados.
- No, ya me encontraba mal antes pero parece que voy a peor ¿Tienes una aspirina?
- Yo se la traigo - intervino Roger - tu búscale una manta, está tiritando.
- Sí.
No tardó mucho en volver con la manta que le coloco con dulzura por encima.
- Lo he recordado todo ¿sabes?
- ¿De verdad?
- Mira si no querías estar conmigo simplemente habérmelo dicho… pero pedirle a tu madre que me diga que estás muerto me parece una crueldad y que sepas que…
- ¿De dónde te sacas eso preciosa?
- ¿Qué? -La pregunta dejo perpleja a la joven Donna, había tanta dulzura en sus palabras que se empezaba a preguntar si no estaría realmente confundida con sus estúpidas teorías. - Bueno… yo… Lo siento - dijo finalmente comprendiendo que no era así al ver la cara de dolor de Yen. - Tu madre me llamo. Me dijo que habías muerto en un accidente de coche. ¿Tienes idea del daño que me ocasiono esa noticia? Estuve llorando días y días sin parar…
- Donna… perdóname… hay cosas que no puedo explicarte aun.
- ¿Por qué? ¿No confías en mí?
Yenedey reflexiono en silencio. Tenía razón, claro que sí, confiaba con todo su ser en ella, simplemente tenía miedo, miedo de que no lo entendiese, de que no lo asimilara y le abandonase.
- Tengo miedo
- ¿De… de qué? - Consiguió decir Donna entre tos y tos. Había empezado a darle una fuerte sacudida de catarro, por un momento, sintió que le faltaba el aire. En ese instante llego Roger con la aspirina, pero comprendió de inmediato que lo que le estaba sucediendo a la muchacha no era ningún síntoma que se pudiese curar con una simple pastilla. Yenedey se levantó de golpe preocupado por Donna intentaba calmarla, pero estaba más alterado el que ella, no cesaba de preguntarle que tenía, que le sucedía, pero ella no podía hablar. finalmente se desmayó en el sofá.

- ¡Yenedey!, está en tránsito.


domingo, 25 de mayo de 2014

Lazos Eternos: Capítulo I


- Ve a buscar a Yenedey, que venga enseguida.
- Ahora mismo señor.
Roger se quedó helado ante la imagen que tenía delante. Lo cierto era que nunca antes la había visto en persona, es más, debería ser imposible que aun siguiese viva. No obstante ahí estaba, plácidamente dormida en el interior de una cámara de cristal. Su melena tan roja como el fuego, su tez blanca como la porcelana, no podía verle los ojos aun con todo  sabía sin ninguna duda que serían verdes como la esmeralda.

- Ya estoy aquí ¿Qué pasa?
- Tienes que ver esto. - Dijo Roger de forma tranquila mientras acompañaba al recién llegado al interior de la habitación. - ¿Es ella? … Es ella verdad…
Yenedey se quedó sin habla.  ¿Había alguna posibilidad de que siguiese viva? No, de ninguna manera.
- No… no estoy seguro. Sacadla de ahí y llevadla al piso vigía, enseguida saldremos de dudas.
Odiaba esa situación, sentirse tan inseguro… eso no era algo que fuese con él. Debía mantenerse frio, duro, inhumano, esa era sin duda su fachada, como había sobrevivido hasta ahora. Por fortuna Roger era un buen amigo suyo, casi podría decirse que era su único amigo junto con Fabián, sin importar que este último fuese humano. Ellos eran las únicas personas en las que podía confiar y por consiguiente las únicas que sabían de la existencia de Donna. En efecto nunca la habían visto ya que se suponía que desapareció aproximadamente ciento veinte años atrás. Pero habían tenido el privilegio de entrar en los aposentos de Yenedey, y así pues, observar varias fotos de el con Donna cuando aún era humano.


Todavía seguía inconsciente. Sentía resentidas todas y cada una de las articulaciones de su cuerpo. No paraba de estirarse y de moverse pero al mismo tiempo se encontraba en un sueño profundo. Cuando al fin abrió los ojos se encontraba tan desorientada que se quedó buen rato mirando a la nada. Apenas se filtraban los rayos de sol a través de las rendijas de la persiana, por lo que la habitación se veía muy oscura, algo que sus ojos agradecieron. Aun en la cama miro a su alrededor. No reconoció el lugar mas si ciertas cosas que eran suyas, como un jersey, un marco fotográfico y varios libros. También pudo observar algunas de las pertenencias de su compañero.

En el apartamento de al lado, en una habitación con grandes pantallas holográficas, se encontraban Roger y Yenedey, observando a través de las cámaras que se hallaban instaladas en el piso donde dejaron a Donna. Este último no le quitaba ojo de encima, estaba realmente seguro de que era ella. Sus gestos, su aroma, su mirada… <<Sí no cabe duda que es ella>> pensó, aunque siempre queda la incertidumbre de si no sería alguna artimaña de Zacarias, algún hechizo por parte de uno de sus brujos o sencillamente  una muchacha que se estuviese haciendo pasar por la joven del piso de al lado, y si lo era desde luego se merecía el Oscar. Debía hablar con ella, pero ¿Y si le había olvidado?

*

Tras casi una hora de intenso aturdimiento, Donna decidió que había llegado el momento  de levantarse. El primer intento fue un desastre pues nada más apoyar la planta de los pies sobre la alfombra cayo de bruces contra ella. Se escuchó un leve quejido pero lo volvió a intentar de nuevo, esta vez con más cuidado. Se sentía un poco mareada, seguramente  se levantó demasiado rápido de la cama. Comenzó a caminar rodeando el lecho, hasta que llego a la ventana y la abrió junto con la persiana, por fin algo de luz y aire fresco.
- ¡¡Yenedey!!
- Aquí estoy.
- Yen... ¿Dónde estamos?
- En casa
A pesar de su aparente calma el muchacho estaba echo un manojo de nervios,  se sentía mal por mentirla, y peor aún por no poder lanzarse a sus brazos, besarla y  acariciar su pálida mejilla. Al menos miraría el lado positivo. Donna se acordaba de él,  aunque parecía demasiado tranquila después de lo que sucedió poco antes de su desaparición.
- Creo que me ocurre algo.
- ¿A qué te refieres?
- Pues… para empezar me siento bastante débil y… ¿En casa?  Está claro que no estamos en casa
- Tranquila, ven - . Se acercó a ella rodeándola con los brazos para calmarla, al mismo tiempo que le indicaba que se sentase en la cama. Por fin pudo sentir su calidez cerca de él, respirar su aroma, sentir su cabello entre los finos dedos de su mano - ¿Qué es lo último que recuerdas? - Le susurró al oído.
- Te fuiste… recuerdo que llevabas varias semanas fuera de casa.
- ¿Recuerdas por qué?
- Claro. Querías pasar el verano con tu familia.
- Deberías descansar, no tienes buena cara.
- Me encuentro bien. De todas formas no creo que pueda dormir más. No sin antes entender que hacemos aquí o… ¿Cuándo has vuelto?
Yenedey comprendió entonces, que la muchacha no recordaba lo que había sucedido en los últimos meses.
- ¿Tienes hambre? Te traeré algo de comer.
Dicho eso se levantó y salió de la estancia con unos andares tan elegantes que dejaron a Donna perpleja. Se sentía tan confusa... No entendía lo que estaba pasando ¿Dónde estaban? Yen se había ido con una excusa tan burda, que  no hizo más que hacerla pensar que le ocultaba algo. ¿Por qué estaba tan distante?  
Volvió a levantarse de la cama buscando algo de ropa para cambiarse. En el armario no había más que un par de  chaquetillas de chándal y unos leggins negros, <<Menos es nada>>.
Yenedey aún no había vuelto por lo que termino de ponerse la chaqueta y salió a buscarle. El piso no era muy grande, por no decir que era demasiado pequeño en comparación a donde vivian antes. Según abandono la habitación encontró la cocina justo de frente, al menos todo estaba bastante recogidito y limpio, algo que llamo su atención ya que el muchacho no se caracterizaba precisamente por su afán a la limpieza. Seguramente tendría contratado un servicio de limpieza.
- La leche ya está caliente. Siéntate. - Casi sonó como una orden. Yen le puso el vaso caliente sobre la mesa, junto con un par de cruasanes. - ¿Quieres algo más? Unas galletas…
- No te preocupes, no tengo demasiado apetito.
- Tienes que comer algo preciosa.
- ¿Qué me ocultas Yenedey Sura? - Donna solo utilizaba su nombre completo cuando estaba enfadada, y ahora comenzaba a estarlo.
- En realidad esperaba que tú me lo dijeses. Te encontré inconsciente en una vieja fábrica abandonada y te traje aquí. Lo que paso ya no lo sé. También traje algunas de tus cosas para que te sintieses a gusto, algo de ropa unas fotos y eso… - No le dijo toda la verdad, pero al menos no le mintió del todo.
- Si, ya lo he visto. - Hubo un breve silencio - No me acuerdo… Cuando he abierto los ojos me he sentido como si fuera otro día cualquiera, he pensado que estarías a mi lado, nos levantaríamos, desayunaríamos juntos… pero después he recordado que estabas de vacaciones en tu pueblo. Cuando al fin he logrado ver algo  no he reconocido el lugar pero en esos momentos no me he dado cuenta me sentía demasiado atolondrada  hasta que al abrir la ventana y notar la brisa de aire fresco  en la cara he vuelto al planeta tierra, me he puesto muy  nerviosa y he gritado tu nombre, no esperaba que vinieses pero ahí estabas y ahora… estoy echa un lio…

*

Yen había tenido que marcharse, no le dijo a donde solo que volvería al anochecer. Le había dejado un par de libros para entretenerse, pero uno ya lo había leído y el otro le resultaba tremendamente aburrido. Lo cierto era que necesitaba salir, se estaba ahogando encerrada en esas cuatro paredes, además tal vez si salía lograría recordar algo. Pero no fue así. La confusión y las preguntas aumentaron a medida que caminaba. No había duda de que se encontraba en la misma ciudad, si, pero con unos cambios bastante notorios, empezando desde el suelo, las paredes, los edificios… todo había sido alterado parecía que hubiese participado en un viaje al futuro. Los coches eran más modernos, lujosos y silenciosos de lo que jamás había visto, no se hubiese sorprendido tanto si solo hubiese visto uno pero prácticamente todo el mundo llevaba uno de esos vehículos, al menos seguían yendo por la carretera. Los carteles publicitarios eran ahora hologramas en 3D, hasta las papeleras parecía de lujo. Las vestimentas de la gente no habían cambiado demasiado, por suerte para ella aun con todo se sentía fuera de lugar.
No quería ver nada más, no sabía si podría aguantarlo, dio media vuelta y volvió a casa. Allí se sentía segura, confusa pero segura. Parecía un lugar normal sin artilugios extraños ni cosas modernas. Debía relajarse, estaba temblando como un flan y no de frio. Entro en la cocina y  se preparó una tila doble con mucho azúcar. El salón estaba a lado de la puerta de salida, no era demasiado grande pero sería suficiente para ella sola. En el centro, contra la pared, había un sofá de color azul, frente este un gran armario que sostenía unos cuantos libros, cachivaches y la televisión de plasma. En medio de estos dos, sobre una alfombra roja se encontraba una mesita baja de cristal, con el mando de la televisión y un par de posavasos de cristal sobre ella. Se sentó en el sofá y apoyo la taza de tila en el posavasos. Le parecía un lugar bastante frio, y deshabitado. Demasiado limpio. <<Tengo la sensación de que Yen ni siquiera vive aquí>> Pensó, ya que percibió que apenas había visto cosas de el en el piso.
Se terminó la tila y se tumbó en el sofá. Era ya media tarde y  Yenedey aún no había vuelto, claro que dijo que lo haría más tarde. No sabía si era el efecto tranquilizante de la tila o las experiencias vividas pero se sentía muy  cansada. Se acurruco en el sofá y poco a poco se fue quedando dormida.




sábado, 24 de mayo de 2014

Lazos Eternos





Sinopsis provisional:

Imaginar  tener todo el tiempo del mundo… Nunca morirás, nunca envejecerás.
Ahora imaginar que habéis perdido vuestra media naranja, vuestro único amor eterno y sentiros culpables. Sentiros culpables  por todos los conflictos que hay en vuestra vida y pensar que la han afectado de algún modo.
¿Cómo actuaríais si os dijesen que aún sigue viva? Conservada en una cámara durante más de cien años. ¿Y si fuera una estratagema de tu peor enemigo? 
¿Volverías a aceptarla en tu vida?





miércoles, 16 de abril de 2014

Isanrra: Capitulo 2 Amnesia

Capítulo anterior:  La cueva


Capítulo 2: Amnesia

 

Abrió los ojos al sentir un agudo frio sobre la mejilla, tenía la piel de gallina debido al contacto de la roca sobre su pálida piel.

<< ¿Dónde estoy? >> Pensó aun aturdida.

Crispada  efectuó una pequeña pirueta para ponerse en pie con torpeza mientras frotaba sus ojos. Miro al rededor, ¿Dónde estaba? Fiora, tardo unos segundos en orientarse, pero lentamente fue reconociendo el lugar que le daba cobijo. No había duda de que seguía en la cueva, de alguna manera, en algún momento que no alcanzaba a recordar, se había quedado dormida sobre una gran roca, con la mochila a sus pies. <<Podría jurar que la deje en el campamento>> especulo aturdida.

Por más que lo pensaba aquella situación carecía de sentido, la muchacha tenía la cabeza echa un lio, trabajando a toda potencia, paseando por cada recodo de su mente, tratando de recordar con toda la fuerza que poseía que había sucedido, porque estaba allí.  Lo último que alcanzaba a recordar era que regresaba junto con Cora y Erick al campamento, eso lo tenía claro y luego… nada. No había nada más. El resto había sido eliminado de su memoria. No podía si no preguntarse si es que finalmente volvieron a la cueva.

Dejo de lado aquellos pensamientos y miro el reloj deseando que no fuese demasiado tarde para volver al campamento, su rostro se ensombreció al darse cuenta de que había pasado la noche allí.

Con un atisbo de preocupación busco a sus amigos con temor de haberlos perdido. Le tranquilizo ver que Erick se encontraba no muy lejos de ella, aferrando su bolsa y roncando como un león. Él también poseía su mochila, pensó. Se aproximó hacia él agachándose para apartarle con dulzura un mechón negro y ondulado que caía por su rostro y recolocándole las gafas en su sitio. Estaba tan guapo...

Nunca supo exactamente como llego a pasar. En algún momento de su vida, los sentimientos por el comenzaron a ser algo más que simple amistad. Obviamente Erick no era conocedor de estas emociones y aunque le doliese, se negaba a estropear todo lo que tenían por confesarle un deseo que probablemente él no tendría por ella. Igualmente Fiora no parecía ser de ninguna manera su prototipo de chica, él parecía más de chicas como Cora. ¡Cora! Fiora se levantó de un brinco buscando con la mirada a su amiga perdida. No la veía por ninguna parte y entonces se dio cuenta de algo.  Al observar con atención se percató de que no estaban en el estanque. Seguramente se habrían adentrado en lo más profundo de la cueva. Esta al igual que las otras zonas, tenía unas pequeñas grutas por las cuales se filtraba la luz del sol.

- ¡Despierta zángano, hemos perdido a Cora!

- Umm… cinco minutos más…

- ¡Señor! ¡Pero qué capacidad de dormir tienes! ¡Vamos levántate! seguimos en la cueva, parece que hemos pasado aquí la noche… ¿y Cora?

- ¿Qué pasa con Cora? - Susurro Erick adormilado. Fiora no supo si sentirse ofendida por que aquellas palabras fuesen lo único que había escuchado, o darle un tortazo para que espabilase. Finalmente se decantó por lo segundo.

- ¡Auuuutch! ¿A que ha venido eso? - Se incorporó de golpe. Objetivo conseguido.

- ¿Es que no has oído nada de lo que te he dicho?

- Cueva… tortazo… Cora…  - Erick se llevó la mano a la mejilla masajeando sutilmente la zona en la que recibió el impacto. Parecía estar repasando lo ocurrido mentalmente, pero ¿se estaba quedando dormido otra vez? ¿Le atizaba otro tortazo? Fiora preparo la mano para el segundo asalto, cuando de improviso, su amigo, abrió los ojos de par en par y se levantó de golpe.

- ¡Fio! ¿Qué hacemos aquí?

- ¡Al fin! Eso te estaba preguntando pedazo de melón. ¿Qué es lo último que recuerdas?

-Pues… volvimos al campamento… y… y…

- ¿Y?

- Y… nada. ¿Por qué estamos aquí? - Pregunto de nuevo mientras agarraba su bolsa con una mirada incrédula. Parecía igual de perdido que ella. - ¿Cuándo hemos vuelto?

 - Tal vez regresamos al campamento en busca de los trajes de baño - cavilo Fiora un tanto insegura encogiéndose de hombros  - supongo que volvimos con Cora para darnos el chapuzón que tanto ansiaba, pero ¿Dónde está ella?

La muchacha bajo la mirada para observar su vestimenta y comprobar que efectivamente vestía la misma camisa de cuadros marrón del día anterior que parecía estar seca, y observo también que no tenía el bikini puesto por debajo. Su amigo pareció comprender y rebusco en la mochila sacando su bañador.

- Parece que no llegamos a darnos ese chapuzón. Que extraño.

- Venga vámonos, los chicos estarán preocupados, y aquí hace demasiado frio. Acabaremos cogiendo una pulmonía -Indico Fiora a su amigo tirándole del brazo. Definitivamente no comprendían que hacían allí, pero Lo mejor sería regresar al campamento.

No les costó demasiado encontrar la salida. Atravesaron un par de pasadizos y siguieron caminando dejándose guiar por el viento que entraba en la cueva. Una vez llegaron al exterior ambos muchachos avanzaron cansados sin mirar lo que les rodeaba, hasta que de repente Fiora se detuvo en seco, provocando que su compañero chocase de lleno contra ella.

- ¡¿Pero qué diablos?! ¿Dónde estamos? Por aquí no es por donde hemos entrado.

Erick, reacciono a las palabras de la joven situándose delante de ella, miro a su alrededor perplejo sin comprender muy bien cómo podían haber andado tanto sin percatarse de la situación. Con un violento  movimiento de torsión, el muchacho le tendió a su amiga la bolsa que cargaba sobre sus hombros y la apremio a esperarla en aquel lugar mientras el daba marcha atrás en busca de la entrada por la cual habían accedido a la cueva.

 

Esperó durante lo le que pareció una eternidad, sentada en una gran explanada verde. Una preocupación insana amenazaba con apoderarse de ella, se sentía intranquila, nerviosa, ¿Y si Erick se había perdido? ¿Debería haber ido con él? ¿Debía entrar a buscarlo? Pero… ¿y si él salía justo cuando ella entrase a la cueva? No, lo mejor sería darle un voto de confianza y seguir esperando con paciencia al regreso de su amigo.

No podía dejar de darle vueltas al hecho de cómo habían llegado hasta aquel punto. Se sentía del mismo modo que cuando se apuntaba a una fiesta, y bebía dos copas de más. A la mañana siguiente todos los datos eran confusos, estaba  mareada y desorientada. Pero en aquella ocasión no recordaba ninguna fiesta, ni siquiera había probado una gota de alcohol, lo mejor sería dejar de especular en el cómo, y buscar una solución.

Dejando atrás sus pensamientos poso la mirada en el entorno que la rodeaba, sin duda el paisaje que se mostraba ante ella era hermoso. A diferencia del lugar por el que accedieron a la cueva, en aquel otro lado la vegetación era aún más abundante. Las flores, de todo tipo de tamaños y colores, crecían tanto por aquella extensa llanura como por los árboles, en general todo parecía más vivo y en armonía. Fiora se preguntó cómo no podía haberse dado cuenta antes de semejante belleza, pero por algún motivo que no entendía, se sentía muy cómoda y segura. Estar entre la naturaleza siempre le hacía sentir bien, pero aquella sensación era aún superior. Aquel lugar continuaba siéndole familiar.

- Lo siento - Erick le saco de sus pensamientos dándole un pequeño susto, pero agradecida al fin y al cabo de que su amigo se encontrase a salvo. El muchacho se sentó junto a ella jadeando, como si hubiese echo aquel recorrido corriendo. - Aquello es un laberinto, pensé que no lograría encontrar la salida de nuevo. Tendremos que buscar el campamento por este lado el bosque. No estará muy lejos - Término dándole un repaso a toda el área con mirada. No pareció darse cuenta de la lindeza que se presentaba ante él.

 

La oscuridad se hizo cada vez más presente y la noche los alcanzó. Caminaban ahora bajo la luz de la luna, ya era oficial, estaban total y completamente perdidos. Los muchachos anduvieron todo el día, las piernas ya se sentían agarrotadas y sus mochilas, a pesar de las pocas pertenencias que portaban, parecían estar llenas por bastas piedras. Ambos deseaban descansar, pero ninguno pareció estar dispuesto a admitirlo, a aceptar el hambre y la sed que tenían desde hacía horas, pues el miedo que sentían a no encontrar el camino de vuelta a casa era mayor que el de dar un trago de agua o descansar. Fiora, no hacia si no imaginarse en su casa, sentada en el sofá cubierta con una manta, tomándose un tazón de caldo y observando jugar a su preciada gata Missi.

 Aquellos pensamientos le daban fuerzas para seguir luchando y seguir caminando. No obstante, por mucho que tratase de engañarse a sí misma, aquella noche no volvería a su hogar. No lograron encontrar el camino de vuelta y para colmo de males los móviles no tenían cobertura. El pánico le inundaba de nuevo, pues realmente fue consciente  de que tendrían que pasar la noche a la intemperie.

- ¡Detente! ya no puedo más Erick, llevamos andando todo el puñetero día y no hemos parado ni a comer. ¡Necesito un descanso urgente! - Ordenó más que pidió. Arrojo la mochila contra un árbol y se sentó con las piernas cruzadas, su amigo la imito y se sentó frente a ella. Tras varios suspiros y un incómodo silencio, Fiora saco un par de bocatas de la mochila y lanzo uno a su amigo que lo cogió en el aire. Erick parecía algo incómodo ante aquel gesto.

- Será mejor que lo guardes Fiora, no sabemos cuánto tiempo pasaremos aquí, tenemos que reservar la comida para cuando suceda lo peor.

- Mira que eres catastrófico. Seguramente mañana encontraremos el camino a casa, nuestros amigos nos estarán buscando, no creo que estemos muy lejos - dijo dubitativa-. Con respecto al bocata te dije que te traería uno, así que cállate y come, además si no se pondrán malos. - Tras observar que él continuaba con expresión dudosa, apremió - Míralo de este modo, cuando volvamos a tener hambre dame uno de los tuyos y listo.

- Veras… yo solo he traído un par de sándwiches y barritas de cereales, no sería justo para ti, este bocata es más grande.

- ¡Por el amor de dios Erick! Pues más razón aun. Tenemos que alimentarnos, repartamos lo que tenemos en las mismas cantidades. - Erick se quedó buen rato pensativo mientras observaba el bocata de nuevo. Finalmente asintió y no pareció poner más pegas.

- ¿Qué va a pasar ahora? - Pregunto Erick con la boca llena.

- ¿Qué quieres decir?

- Bueno… ya ha oscurecido, no podemos seguir andando por ahí como si nada, está claro que nos hemos perdido, nuestro sentido de la orientación es nulo, además  vete a saber dónde diablos quedo esa cueva del demonio. - Hizo una pausa - ¡Maldita Cora! “vamos a darnos un baño” ¿porque que la haremos caso y dónde coño esta? ¡Seguro que volvió al campamento sin nosotros! ¡Maldita bru…

- ¡Erick! No sabemos dónde está, tal vez se encuentre igual de pérdida que nosotros y lo que es peor, sola.

- Sí, es una posibilidad - dijo con la voz más pausada - Lo siento Fiora, es solo que pensar que podría haberse largado sin más, me pone nervioso.

- Admito que también se me ha pasado por la cabeza, pero tenemos que darle el beneficio de la duda, y si se ha ido pues bueno al menos estará con los demás, y podrá guiarles hasta la zona por la que nos perdimos - confeso la muchacha-. Con respecto a lo de que haremos… por el momento pasaremos aquí la noche. Necesitamos reponer fuerzas y eso sin contar el mal rollo que me da vagar por un lugar desconocido de noche.

- Supongo que tienes razón.

 

La luz de la luna pareció ocultarse tras unas oscuras nubes, los ruidos se tornaron desiguales en comparación a los que se apreciaban por el día. La cantilena alegre de los pájaros había desaparecido y en su lugar, el canto de los grillos resonaba en la noche con gran insistencia. De cuando en cuando se escuchaba cierto aullido aterrador, y otra serie de sonidos que no deseaban averiguar a qué animal correspondía. Tanto la oscuridad como aquellos extraños sonidos, los hacia permanecer intranquilos, cada vez tenían más miedo y no conseguían dormir.

La temperatura disminuyo copiosamente, por lo que ambos muchachos se vieron obligados a ponerse las sudaderas que guardaban en las mochilas. Erick al ver que su amiga temblaba como un flan se quitó la suya y se la ofreció, pero esta la rechazo con dulzura alegando que él también debía resguardarse de la fría noche, lo último que necesitaban era enfermar.

La rigidez del suelo les impedía adoptar una buena postura para conciliar el sueño, algunas piedrecillas endemoniadas sobresalían y se les acababa clavando en la espalda o el costado. Finalmente la muchacha opto por acurrucarse junto a su amigo en busca de calor, y algo más de comodidad, este acaricio su rojizo cabello de forma distraída y Fiora se sumió en un profundo sueño.

 

 

Debía quitárselo de encima lo antes posible o terminaría por asfixiarla, luchó desesperadamente por zafarse de él, se revolvió, pataleo incluso logro propinarle un bocado, pero aquel hombre tenía un brazo demasiado fuerte para ella.

Aquella noche le había tocado hacer la guardia nocturna, mientras sus compañeros dormían alrededor de una hoguera, hasta escasos minutos atrás, se sentía muy segura y despreocupada de cualquier tipo de peligro, pues no tendría que haber habido riesgo alguno, los soldados que los seguían con la basta intención de acabar con sus vidas, habían quedado varias millas atrás. No obstante la joven tuvo una extraña sensación segundos antes de que la cogieran por sorpresa.

La muchacha estaba perdiendo el conocimiento, ansiaba desesperadamente que el oxígeno volviese a sus pulmones, cuanto más lo deseaba más veía llegar su triste final, respirar cada vez era una tarea más costosa. Quiso gritar desesperadamente pidiendo auxilio a sus compañeros que aun dormían, pero de su garganta no salió sonido alguno. Desesperada volvió a llevar su mano a la empuñadura de su espada pero lo único que logro fue rozarla con la punta de los dedos. Demasiado tarde…

Sin comprender del todo el por qué, de nuevo el oxígeno volvió a entrar en sus pulmones, con gran fuerza inhalo y expiro de forma aún más exagerada inclinada con las manos en las rodillas. Se giró en torno a ella para averiguar cuál había sido la causa de su liberación y…

Sangre.

Nerissa se hallaba de pie junto al cuerpo inerte de la persona que intentó estrangular a Fiora, tenía la mandíbula manchada de sangre y unos largos y ensangrentados colmillos asomaban entre sus dientes. Al mismo tiempo su espada aun chorreaba el espeso líquido rojo. Tenía una mirada extrañamente aterradora. Aquellos ojos… había algo diferente en ellos. Ira, rabia.

Fiora escudriño con los ojos abiertos el cadáver que tenía a los pies y reparo en los tatuajes negros de su rostro. No pareció sorprendida por la conducta de su compañera.

- Soldados de Dayron - observo su salvadora en un tono lleno de ira.

- Si él está aquí los demás no andarán muy lejos. Será mejor que nos pongamos en marcha - Fiora se giró con determinación en busca del último miembro del escuadrón que aun dormía sin ser consciente de absolutamente nada de lo que había sucedido-. Levántate Adelbert ¡Nos vamos!

 

Sin lugar a dudas fue un extraño sueño, desde luego no era ella, no podía ser Fiora, la mujer de sus sueños parecía una autentica guerrera dando órdenes y hablaba de un tal... Da… Dami… ¡Dayron! ¿Quién diantres era ese  Dayron? Fiora comenzaba a sentirse algo exasperada pues aquellas quimeras cada vez eran más frecuentes y mucho más vividas y para colmo de males seguía sin comprender si aquellos dichosos y entrometidos sueños realmente significaban algo lógico.

En una ocasión, uno de los psicólogos que la trato, especulo sobre que aquellos sueños se debían a causa de una vida, unas personas, unos amigos que ella misma había inventado en su subconsciente para compensar la soledad que la rodeaba, y así pues alejarse de una forma más permanente del mundo real. era cierto que no se sentía muy feliz en el mundo en que vivía, debido en gran parte a la codicia, la ambición, la falta de humildad de las personas, lo destructivas que eran la forma en la que estas evolucionaban le hacían replantearse ciertos aspectos de la vida. Pero Aun con todo, bajo ningún concepto Fiora aceptaría que se estaba inventando un universo nuevo para sustituir el suyo propio. Desde luego no sabía que significaban aquellos sueños, pero ¿acaso importaba? No eran más que absurdas fantasías al fin y al cabo.

 

Un lejano ruido atrajo su atención. Aún no había amanecido, pero no faltaba demasiado. ¡Crash! Ahí estaba de nuevo. Levanto la mirada para observar a su amigo Erick que se había quedado dormido con la cabeza apoyada en su morral.

- ¡Erick despierta! He oído algo.

- Ummm… un poquito más…  

<< No me lo puedo creer ¡siempre igual para despertar a este hombre! >> pensó Fiora con desesperación. Se levantó de un brinco dejando a su amigo tendido en el suelo. Este lentamente comenzó a desperezarse profiriendo un leve grito de satisfacción al estirarse sobre la hierba.

- ¡Tss! No grites he oído ruidos, me parece que hay alguien por aquí.

- ¿Dond… - Fiora se acuclillo con rapidez para taparle la boca con la mano. Lo había vuelto a oír, estaba completamente segura de ello.

Permanecieron varios minutos como dos animalillos asustados, con temor de mover un solo musculo, ¿y si el sonido que escucho se trataba de las pisadas de una bestia acechando a su presa? Transcurrido un tiempo, daba la impresión de que fuera lo que fuere que los observaba había decidido dejarlos en paz. Ya no se escuchaba ningún tipo de sonido fuera de lo común, por lo que Fiora propuso a su amigo continuar con el camino de vuelta a casa, no debían perder más tiempo.

Recogieron todas sus pertenencias, no es que hubiese demasiadas ya que se dejaron gran parte de ellas en el campamento. Aquella noche, algo que echaron especialmente en falta, a parte de la sensación de protección que pudiere haberles ocasionado la tienda de campaña, fue el hecho de sentir el calor del saco de dormir sobre sus cuerpos, un simple jersey no había sido suficiente para acabar con el gélido frio de la noche.

 

 

Todos los caminos parecían iguales ¿Cómo podía orientarse nadie entre tanta vegetación? Los dos amigos se sentaron bajo un viejo roble, Fiora solía tener un buen sentido de la orientación cuando iba al bosque, pero aquel paraje la descolocaba demasiado, todo le era familiar y al mismo tiempo no conseguía ubicarse. Así mismo nada le recordaba en absoluto a ninguna zona que ella conociese, ningún camino que la pudiera llevar a casa, era casi como si no estuviesen en el mismo mundo. Habían pasado varios días y los caminos que tomaban cada vez eran más frondosos, los senderos que atravesaban cada vez eran más arbolados, nada era familiar y al mismo tiempo si lo era. La posibilidad de encontrar el pasaje de vuelta a casa se vio cada vez más lejana, probablemente sus amigos ya hubieran avisado a las autoridades de la desaparición de Erick y Fiora y estuviesen ahora buscándolos.

 Tan solo les quedaba de comer, una barrita de cereales y una manzana verde y arrugada que tendrían que repartir entre ambos. Fiora observo a su amigo que mostraba un aspecto cansado, unas pequeñas bolsas moradas asomaban bajo sus ojos y la suciedad inundaba todo su rostro, las manos, las uñas incluso la ropa se veía andrajosa y desgarrada. << ¿Tendré yo el mismo aspecto de vagabunda? >> pensó la muchacha de un modo inconsciente.

Hacía días que se les acabaron los temas de conversación, cualquier cosa que pudiesen decir sonaba horrible. Hablar de su hogar era sin duda la peor de las opciones ya que los dos deseaban encarecidamente estar allí. Debatir sobre el futuro también carecía de sentido, pues habían admitido que estaban más perdidos de lo que les pareció en un primer instante. Por más que anduvieron no dieron con ningún tipo de pueblo, ni siquiera descubrieron signos de civilización.

Fiora volvió a mirar el llavero que sostenía entre las manos, con la foto de su padre por un lado y de su gatita atigrada por el otro. Cinco días fuera de casa, pensó realmente preocupada por Missi. Le aterraba volver a casa y que le hubiese sucedido algo malo. No podía si no rezar por que el padre de Erick, que poseía una copia de las llaves de su hogar, se hiciese cargo ahora de alimentarla, lo cual sería lo más probable.

La muchacha aún tenía la inquietante certeza de que aquel animal que le asusto la primera noche que pasaron a la intemperie los estaba siguiendo, aunque no le comento nada a Erick para no preocuparlo más de lo que seguramente ya estaría. Fiora pudo ver la mañana anterior un pégale gris seguido por una enorme zarpa de alguna especie de depredador, probablemente algún felino, y poco más tarde cuando el día avanzo, vislumbro entre las sombras al acecho unos inquietantes ojos esmeraldas. No cabía duda de que el animal los estaba tanteando, tal vez con la intención de atacarles cuando estos bajasen la guardia.

- Vamos a tener que buscar algo para comer o moriremos de hambre. - Erick hablo de improviso, sacando a su amiga de sus pensamientos. Su voz sonaba ronca.

- O de sed - objeto Fiora poniendo la cantimplora del revés dejando caer las escasas gotitas de agua. - Mi cantimplora ya está vacía y a la tuya poco le queda.

- En realidad se acabó anoche, lo siento, tenía la boca más seca que una uva pasa.

- No te disculpes conmigo. Saldremos de esta, ya lo veras. - Aunque en realidad no estaba muy convencida de sus palabras.

No soportaba  verlo así, a pesar de que aún conservaba esa pequeña chispa que tanto le caracterizaba, ya nunca sonreía y solía adoptar un modo negativo. Erick siempre era quien tiraba de ella, el que la animaba a seguir adelante, el positivo de la relación. Pero en esa ocasión… era Fiora quien debía hacerlo, debía luchar por los dos, mantenerlos a salvo. La joven llego a pensar que en algún momento de aquella expedición su amigo entro en alguna clase de trance, aunque no podría asegurarlo.

- Quédate aquí, voy a ver si veo alguna mora o algún tipo de fruta por los árboles.

Si bien Fiora hubo estado especulando con la caza de animales el día de la acampada, realmente no sentía que pudiera hacerlo, no sentía que pudiera arrebatar una vida con sus propias manos, y mucho menos aun la de un ser tan inocente y puro.

- ¡De eso nada! No pienso dejarte sola voy contigo.

- Está bien, vamos.

No deseaba discutir con él, por lo que acepto con pesar su proposición. Ansiaba que Erick se sentase a descansar un rato, mientras ella se encargaba de buscar alimento, por otro lado sintió gran alivio de que le acompañase, pues pensar en permanecer demasiado tiempo separado de él le aterraba ¿Y si pasaba algo? ¿Y si perdía a su amigo y no le volvía a encontrar?

Los muchachos rebuscaron entra la basta vegetación hasta que finalmente hallaron unas zarzamoras, Fiora se rasgó la mano un par de veces tratando de atrapar el fruto que esta le ofrecía, aun así logro hacerse con un puñadito que metió en la fiambrera ahora vacía de su amigo, donde anteriormente estuvo el lomo que llevo a Missi. También halló unas setas, no obstante no podía asegurar si eran comestibles. El padre de la chica trato de enseñarle cuales eran buenas y cuáles no lo eran, pero la muchacha siempre se aburría con esas clases y no prestaba demasiada atención. Cuan arrepentida se sentía entonces. Sin embargo, sí reconoció otro tipo de hongos que se hallaban no muy lejos de donde estaban los primeros. Fiora supo al instante que eran comestibles por lo que agarro todos los que había y los coloco junto con las moras. Siguió andando con la buena suerte de encontrar bajo unas hojas, unas cebollas silvestres. ¿Cómo habían estado tan ciegos de no ver todo el alimento que les ofrecía aquel paraje?

La muchacha no pudo evitar preguntarse como cocinarían aquello.

Erick se encontraba cerca de una charca llenando las cantimploras. El agua parecía ser potable. Cuando termino se giró y miro sonriente a su amiga mientras se acercaba a ella. Por fin aquella sonrisa que tanto anhelaba, ¿volvía a ser él? Finalmente podrían saciar el hambre y la sed. La suerte parecía haberse puesto de su parte.

¿¡Pero que!? ¿Qué había sucedido? De repente Erick cayó desplomado en el suelo. Fiora Corría lo más rápido que podía para auxiliarle, pero... << ¡Auh! >> Noto un pinchazo en el cuello, sentía pesados todos los músculos del cuerpo. Se cayó al suelo. Los parpados le pesaban demasiado…. ¡Oh no! era demasiado tarde, estaba perdiendo la consciencia.

<< Erick, lo siento. >>

 

 

 

 

 

 






 Capítulo 3: ¿Quién es ella?