miércoles, 16 de abril de 2014

Isanrra: Capitulo 2 Amnesia

Capítulo anterior:  La cueva


Capítulo 2: Amnesia

 

Abrió los ojos al sentir un agudo frio sobre la mejilla, tenía la piel de gallina debido al contacto de la roca sobre su pálida piel.

<< ¿Dónde estoy? >> Pensó aun aturdida.

Crispada  efectuó una pequeña pirueta para ponerse en pie con torpeza mientras frotaba sus ojos. Miro al rededor, ¿Dónde estaba? Fiora, tardo unos segundos en orientarse, pero lentamente fue reconociendo el lugar que le daba cobijo. No había duda de que seguía en la cueva, de alguna manera, en algún momento que no alcanzaba a recordar, se había quedado dormida sobre una gran roca, con la mochila a sus pies. <<Podría jurar que la deje en el campamento>> especulo aturdida.

Por más que lo pensaba aquella situación carecía de sentido, la muchacha tenía la cabeza echa un lio, trabajando a toda potencia, paseando por cada recodo de su mente, tratando de recordar con toda la fuerza que poseía que había sucedido, porque estaba allí.  Lo último que alcanzaba a recordar era que regresaba junto con Cora y Erick al campamento, eso lo tenía claro y luego… nada. No había nada más. El resto había sido eliminado de su memoria. No podía si no preguntarse si es que finalmente volvieron a la cueva.

Dejo de lado aquellos pensamientos y miro el reloj deseando que no fuese demasiado tarde para volver al campamento, su rostro se ensombreció al darse cuenta de que había pasado la noche allí.

Con un atisbo de preocupación busco a sus amigos con temor de haberlos perdido. Le tranquilizo ver que Erick se encontraba no muy lejos de ella, aferrando su bolsa y roncando como un león. Él también poseía su mochila, pensó. Se aproximó hacia él agachándose para apartarle con dulzura un mechón negro y ondulado que caía por su rostro y recolocándole las gafas en su sitio. Estaba tan guapo...

Nunca supo exactamente como llego a pasar. En algún momento de su vida, los sentimientos por el comenzaron a ser algo más que simple amistad. Obviamente Erick no era conocedor de estas emociones y aunque le doliese, se negaba a estropear todo lo que tenían por confesarle un deseo que probablemente él no tendría por ella. Igualmente Fiora no parecía ser de ninguna manera su prototipo de chica, él parecía más de chicas como Cora. ¡Cora! Fiora se levantó de un brinco buscando con la mirada a su amiga perdida. No la veía por ninguna parte y entonces se dio cuenta de algo.  Al observar con atención se percató de que no estaban en el estanque. Seguramente se habrían adentrado en lo más profundo de la cueva. Esta al igual que las otras zonas, tenía unas pequeñas grutas por las cuales se filtraba la luz del sol.

- ¡Despierta zángano, hemos perdido a Cora!

- Umm… cinco minutos más…

- ¡Señor! ¡Pero qué capacidad de dormir tienes! ¡Vamos levántate! seguimos en la cueva, parece que hemos pasado aquí la noche… ¿y Cora?

- ¿Qué pasa con Cora? - Susurro Erick adormilado. Fiora no supo si sentirse ofendida por que aquellas palabras fuesen lo único que había escuchado, o darle un tortazo para que espabilase. Finalmente se decantó por lo segundo.

- ¡Auuuutch! ¿A que ha venido eso? - Se incorporó de golpe. Objetivo conseguido.

- ¿Es que no has oído nada de lo que te he dicho?

- Cueva… tortazo… Cora…  - Erick se llevó la mano a la mejilla masajeando sutilmente la zona en la que recibió el impacto. Parecía estar repasando lo ocurrido mentalmente, pero ¿se estaba quedando dormido otra vez? ¿Le atizaba otro tortazo? Fiora preparo la mano para el segundo asalto, cuando de improviso, su amigo, abrió los ojos de par en par y se levantó de golpe.

- ¡Fio! ¿Qué hacemos aquí?

- ¡Al fin! Eso te estaba preguntando pedazo de melón. ¿Qué es lo último que recuerdas?

-Pues… volvimos al campamento… y… y…

- ¿Y?

- Y… nada. ¿Por qué estamos aquí? - Pregunto de nuevo mientras agarraba su bolsa con una mirada incrédula. Parecía igual de perdido que ella. - ¿Cuándo hemos vuelto?

 - Tal vez regresamos al campamento en busca de los trajes de baño - cavilo Fiora un tanto insegura encogiéndose de hombros  - supongo que volvimos con Cora para darnos el chapuzón que tanto ansiaba, pero ¿Dónde está ella?

La muchacha bajo la mirada para observar su vestimenta y comprobar que efectivamente vestía la misma camisa de cuadros marrón del día anterior que parecía estar seca, y observo también que no tenía el bikini puesto por debajo. Su amigo pareció comprender y rebusco en la mochila sacando su bañador.

- Parece que no llegamos a darnos ese chapuzón. Que extraño.

- Venga vámonos, los chicos estarán preocupados, y aquí hace demasiado frio. Acabaremos cogiendo una pulmonía -Indico Fiora a su amigo tirándole del brazo. Definitivamente no comprendían que hacían allí, pero Lo mejor sería regresar al campamento.

No les costó demasiado encontrar la salida. Atravesaron un par de pasadizos y siguieron caminando dejándose guiar por el viento que entraba en la cueva. Una vez llegaron al exterior ambos muchachos avanzaron cansados sin mirar lo que les rodeaba, hasta que de repente Fiora se detuvo en seco, provocando que su compañero chocase de lleno contra ella.

- ¡¿Pero qué diablos?! ¿Dónde estamos? Por aquí no es por donde hemos entrado.

Erick, reacciono a las palabras de la joven situándose delante de ella, miro a su alrededor perplejo sin comprender muy bien cómo podían haber andado tanto sin percatarse de la situación. Con un violento  movimiento de torsión, el muchacho le tendió a su amiga la bolsa que cargaba sobre sus hombros y la apremio a esperarla en aquel lugar mientras el daba marcha atrás en busca de la entrada por la cual habían accedido a la cueva.

 

Esperó durante lo le que pareció una eternidad, sentada en una gran explanada verde. Una preocupación insana amenazaba con apoderarse de ella, se sentía intranquila, nerviosa, ¿Y si Erick se había perdido? ¿Debería haber ido con él? ¿Debía entrar a buscarlo? Pero… ¿y si él salía justo cuando ella entrase a la cueva? No, lo mejor sería darle un voto de confianza y seguir esperando con paciencia al regreso de su amigo.

No podía dejar de darle vueltas al hecho de cómo habían llegado hasta aquel punto. Se sentía del mismo modo que cuando se apuntaba a una fiesta, y bebía dos copas de más. A la mañana siguiente todos los datos eran confusos, estaba  mareada y desorientada. Pero en aquella ocasión no recordaba ninguna fiesta, ni siquiera había probado una gota de alcohol, lo mejor sería dejar de especular en el cómo, y buscar una solución.

Dejando atrás sus pensamientos poso la mirada en el entorno que la rodeaba, sin duda el paisaje que se mostraba ante ella era hermoso. A diferencia del lugar por el que accedieron a la cueva, en aquel otro lado la vegetación era aún más abundante. Las flores, de todo tipo de tamaños y colores, crecían tanto por aquella extensa llanura como por los árboles, en general todo parecía más vivo y en armonía. Fiora se preguntó cómo no podía haberse dado cuenta antes de semejante belleza, pero por algún motivo que no entendía, se sentía muy cómoda y segura. Estar entre la naturaleza siempre le hacía sentir bien, pero aquella sensación era aún superior. Aquel lugar continuaba siéndole familiar.

- Lo siento - Erick le saco de sus pensamientos dándole un pequeño susto, pero agradecida al fin y al cabo de que su amigo se encontrase a salvo. El muchacho se sentó junto a ella jadeando, como si hubiese echo aquel recorrido corriendo. - Aquello es un laberinto, pensé que no lograría encontrar la salida de nuevo. Tendremos que buscar el campamento por este lado el bosque. No estará muy lejos - Término dándole un repaso a toda el área con mirada. No pareció darse cuenta de la lindeza que se presentaba ante él.

 

La oscuridad se hizo cada vez más presente y la noche los alcanzó. Caminaban ahora bajo la luz de la luna, ya era oficial, estaban total y completamente perdidos. Los muchachos anduvieron todo el día, las piernas ya se sentían agarrotadas y sus mochilas, a pesar de las pocas pertenencias que portaban, parecían estar llenas por bastas piedras. Ambos deseaban descansar, pero ninguno pareció estar dispuesto a admitirlo, a aceptar el hambre y la sed que tenían desde hacía horas, pues el miedo que sentían a no encontrar el camino de vuelta a casa era mayor que el de dar un trago de agua o descansar. Fiora, no hacia si no imaginarse en su casa, sentada en el sofá cubierta con una manta, tomándose un tazón de caldo y observando jugar a su preciada gata Missi.

 Aquellos pensamientos le daban fuerzas para seguir luchando y seguir caminando. No obstante, por mucho que tratase de engañarse a sí misma, aquella noche no volvería a su hogar. No lograron encontrar el camino de vuelta y para colmo de males los móviles no tenían cobertura. El pánico le inundaba de nuevo, pues realmente fue consciente  de que tendrían que pasar la noche a la intemperie.

- ¡Detente! ya no puedo más Erick, llevamos andando todo el puñetero día y no hemos parado ni a comer. ¡Necesito un descanso urgente! - Ordenó más que pidió. Arrojo la mochila contra un árbol y se sentó con las piernas cruzadas, su amigo la imito y se sentó frente a ella. Tras varios suspiros y un incómodo silencio, Fiora saco un par de bocatas de la mochila y lanzo uno a su amigo que lo cogió en el aire. Erick parecía algo incómodo ante aquel gesto.

- Será mejor que lo guardes Fiora, no sabemos cuánto tiempo pasaremos aquí, tenemos que reservar la comida para cuando suceda lo peor.

- Mira que eres catastrófico. Seguramente mañana encontraremos el camino a casa, nuestros amigos nos estarán buscando, no creo que estemos muy lejos - dijo dubitativa-. Con respecto al bocata te dije que te traería uno, así que cállate y come, además si no se pondrán malos. - Tras observar que él continuaba con expresión dudosa, apremió - Míralo de este modo, cuando volvamos a tener hambre dame uno de los tuyos y listo.

- Veras… yo solo he traído un par de sándwiches y barritas de cereales, no sería justo para ti, este bocata es más grande.

- ¡Por el amor de dios Erick! Pues más razón aun. Tenemos que alimentarnos, repartamos lo que tenemos en las mismas cantidades. - Erick se quedó buen rato pensativo mientras observaba el bocata de nuevo. Finalmente asintió y no pareció poner más pegas.

- ¿Qué va a pasar ahora? - Pregunto Erick con la boca llena.

- ¿Qué quieres decir?

- Bueno… ya ha oscurecido, no podemos seguir andando por ahí como si nada, está claro que nos hemos perdido, nuestro sentido de la orientación es nulo, además  vete a saber dónde diablos quedo esa cueva del demonio. - Hizo una pausa - ¡Maldita Cora! “vamos a darnos un baño” ¿porque que la haremos caso y dónde coño esta? ¡Seguro que volvió al campamento sin nosotros! ¡Maldita bru…

- ¡Erick! No sabemos dónde está, tal vez se encuentre igual de pérdida que nosotros y lo que es peor, sola.

- Sí, es una posibilidad - dijo con la voz más pausada - Lo siento Fiora, es solo que pensar que podría haberse largado sin más, me pone nervioso.

- Admito que también se me ha pasado por la cabeza, pero tenemos que darle el beneficio de la duda, y si se ha ido pues bueno al menos estará con los demás, y podrá guiarles hasta la zona por la que nos perdimos - confeso la muchacha-. Con respecto a lo de que haremos… por el momento pasaremos aquí la noche. Necesitamos reponer fuerzas y eso sin contar el mal rollo que me da vagar por un lugar desconocido de noche.

- Supongo que tienes razón.

 

La luz de la luna pareció ocultarse tras unas oscuras nubes, los ruidos se tornaron desiguales en comparación a los que se apreciaban por el día. La cantilena alegre de los pájaros había desaparecido y en su lugar, el canto de los grillos resonaba en la noche con gran insistencia. De cuando en cuando se escuchaba cierto aullido aterrador, y otra serie de sonidos que no deseaban averiguar a qué animal correspondía. Tanto la oscuridad como aquellos extraños sonidos, los hacia permanecer intranquilos, cada vez tenían más miedo y no conseguían dormir.

La temperatura disminuyo copiosamente, por lo que ambos muchachos se vieron obligados a ponerse las sudaderas que guardaban en las mochilas. Erick al ver que su amiga temblaba como un flan se quitó la suya y se la ofreció, pero esta la rechazo con dulzura alegando que él también debía resguardarse de la fría noche, lo último que necesitaban era enfermar.

La rigidez del suelo les impedía adoptar una buena postura para conciliar el sueño, algunas piedrecillas endemoniadas sobresalían y se les acababa clavando en la espalda o el costado. Finalmente la muchacha opto por acurrucarse junto a su amigo en busca de calor, y algo más de comodidad, este acaricio su rojizo cabello de forma distraída y Fiora se sumió en un profundo sueño.

 

 

Debía quitárselo de encima lo antes posible o terminaría por asfixiarla, luchó desesperadamente por zafarse de él, se revolvió, pataleo incluso logro propinarle un bocado, pero aquel hombre tenía un brazo demasiado fuerte para ella.

Aquella noche le había tocado hacer la guardia nocturna, mientras sus compañeros dormían alrededor de una hoguera, hasta escasos minutos atrás, se sentía muy segura y despreocupada de cualquier tipo de peligro, pues no tendría que haber habido riesgo alguno, los soldados que los seguían con la basta intención de acabar con sus vidas, habían quedado varias millas atrás. No obstante la joven tuvo una extraña sensación segundos antes de que la cogieran por sorpresa.

La muchacha estaba perdiendo el conocimiento, ansiaba desesperadamente que el oxígeno volviese a sus pulmones, cuanto más lo deseaba más veía llegar su triste final, respirar cada vez era una tarea más costosa. Quiso gritar desesperadamente pidiendo auxilio a sus compañeros que aun dormían, pero de su garganta no salió sonido alguno. Desesperada volvió a llevar su mano a la empuñadura de su espada pero lo único que logro fue rozarla con la punta de los dedos. Demasiado tarde…

Sin comprender del todo el por qué, de nuevo el oxígeno volvió a entrar en sus pulmones, con gran fuerza inhalo y expiro de forma aún más exagerada inclinada con las manos en las rodillas. Se giró en torno a ella para averiguar cuál había sido la causa de su liberación y…

Sangre.

Nerissa se hallaba de pie junto al cuerpo inerte de la persona que intentó estrangular a Fiora, tenía la mandíbula manchada de sangre y unos largos y ensangrentados colmillos asomaban entre sus dientes. Al mismo tiempo su espada aun chorreaba el espeso líquido rojo. Tenía una mirada extrañamente aterradora. Aquellos ojos… había algo diferente en ellos. Ira, rabia.

Fiora escudriño con los ojos abiertos el cadáver que tenía a los pies y reparo en los tatuajes negros de su rostro. No pareció sorprendida por la conducta de su compañera.

- Soldados de Dayron - observo su salvadora en un tono lleno de ira.

- Si él está aquí los demás no andarán muy lejos. Será mejor que nos pongamos en marcha - Fiora se giró con determinación en busca del último miembro del escuadrón que aun dormía sin ser consciente de absolutamente nada de lo que había sucedido-. Levántate Adelbert ¡Nos vamos!

 

Sin lugar a dudas fue un extraño sueño, desde luego no era ella, no podía ser Fiora, la mujer de sus sueños parecía una autentica guerrera dando órdenes y hablaba de un tal... Da… Dami… ¡Dayron! ¿Quién diantres era ese  Dayron? Fiora comenzaba a sentirse algo exasperada pues aquellas quimeras cada vez eran más frecuentes y mucho más vividas y para colmo de males seguía sin comprender si aquellos dichosos y entrometidos sueños realmente significaban algo lógico.

En una ocasión, uno de los psicólogos que la trato, especulo sobre que aquellos sueños se debían a causa de una vida, unas personas, unos amigos que ella misma había inventado en su subconsciente para compensar la soledad que la rodeaba, y así pues alejarse de una forma más permanente del mundo real. era cierto que no se sentía muy feliz en el mundo en que vivía, debido en gran parte a la codicia, la ambición, la falta de humildad de las personas, lo destructivas que eran la forma en la que estas evolucionaban le hacían replantearse ciertos aspectos de la vida. Pero Aun con todo, bajo ningún concepto Fiora aceptaría que se estaba inventando un universo nuevo para sustituir el suyo propio. Desde luego no sabía que significaban aquellos sueños, pero ¿acaso importaba? No eran más que absurdas fantasías al fin y al cabo.

 

Un lejano ruido atrajo su atención. Aún no había amanecido, pero no faltaba demasiado. ¡Crash! Ahí estaba de nuevo. Levanto la mirada para observar a su amigo Erick que se había quedado dormido con la cabeza apoyada en su morral.

- ¡Erick despierta! He oído algo.

- Ummm… un poquito más…  

<< No me lo puedo creer ¡siempre igual para despertar a este hombre! >> pensó Fiora con desesperación. Se levantó de un brinco dejando a su amigo tendido en el suelo. Este lentamente comenzó a desperezarse profiriendo un leve grito de satisfacción al estirarse sobre la hierba.

- ¡Tss! No grites he oído ruidos, me parece que hay alguien por aquí.

- ¿Dond… - Fiora se acuclillo con rapidez para taparle la boca con la mano. Lo había vuelto a oír, estaba completamente segura de ello.

Permanecieron varios minutos como dos animalillos asustados, con temor de mover un solo musculo, ¿y si el sonido que escucho se trataba de las pisadas de una bestia acechando a su presa? Transcurrido un tiempo, daba la impresión de que fuera lo que fuere que los observaba había decidido dejarlos en paz. Ya no se escuchaba ningún tipo de sonido fuera de lo común, por lo que Fiora propuso a su amigo continuar con el camino de vuelta a casa, no debían perder más tiempo.

Recogieron todas sus pertenencias, no es que hubiese demasiadas ya que se dejaron gran parte de ellas en el campamento. Aquella noche, algo que echaron especialmente en falta, a parte de la sensación de protección que pudiere haberles ocasionado la tienda de campaña, fue el hecho de sentir el calor del saco de dormir sobre sus cuerpos, un simple jersey no había sido suficiente para acabar con el gélido frio de la noche.

 

 

Todos los caminos parecían iguales ¿Cómo podía orientarse nadie entre tanta vegetación? Los dos amigos se sentaron bajo un viejo roble, Fiora solía tener un buen sentido de la orientación cuando iba al bosque, pero aquel paraje la descolocaba demasiado, todo le era familiar y al mismo tiempo no conseguía ubicarse. Así mismo nada le recordaba en absoluto a ninguna zona que ella conociese, ningún camino que la pudiera llevar a casa, era casi como si no estuviesen en el mismo mundo. Habían pasado varios días y los caminos que tomaban cada vez eran más frondosos, los senderos que atravesaban cada vez eran más arbolados, nada era familiar y al mismo tiempo si lo era. La posibilidad de encontrar el pasaje de vuelta a casa se vio cada vez más lejana, probablemente sus amigos ya hubieran avisado a las autoridades de la desaparición de Erick y Fiora y estuviesen ahora buscándolos.

 Tan solo les quedaba de comer, una barrita de cereales y una manzana verde y arrugada que tendrían que repartir entre ambos. Fiora observo a su amigo que mostraba un aspecto cansado, unas pequeñas bolsas moradas asomaban bajo sus ojos y la suciedad inundaba todo su rostro, las manos, las uñas incluso la ropa se veía andrajosa y desgarrada. << ¿Tendré yo el mismo aspecto de vagabunda? >> pensó la muchacha de un modo inconsciente.

Hacía días que se les acabaron los temas de conversación, cualquier cosa que pudiesen decir sonaba horrible. Hablar de su hogar era sin duda la peor de las opciones ya que los dos deseaban encarecidamente estar allí. Debatir sobre el futuro también carecía de sentido, pues habían admitido que estaban más perdidos de lo que les pareció en un primer instante. Por más que anduvieron no dieron con ningún tipo de pueblo, ni siquiera descubrieron signos de civilización.

Fiora volvió a mirar el llavero que sostenía entre las manos, con la foto de su padre por un lado y de su gatita atigrada por el otro. Cinco días fuera de casa, pensó realmente preocupada por Missi. Le aterraba volver a casa y que le hubiese sucedido algo malo. No podía si no rezar por que el padre de Erick, que poseía una copia de las llaves de su hogar, se hiciese cargo ahora de alimentarla, lo cual sería lo más probable.

La muchacha aún tenía la inquietante certeza de que aquel animal que le asusto la primera noche que pasaron a la intemperie los estaba siguiendo, aunque no le comento nada a Erick para no preocuparlo más de lo que seguramente ya estaría. Fiora pudo ver la mañana anterior un pégale gris seguido por una enorme zarpa de alguna especie de depredador, probablemente algún felino, y poco más tarde cuando el día avanzo, vislumbro entre las sombras al acecho unos inquietantes ojos esmeraldas. No cabía duda de que el animal los estaba tanteando, tal vez con la intención de atacarles cuando estos bajasen la guardia.

- Vamos a tener que buscar algo para comer o moriremos de hambre. - Erick hablo de improviso, sacando a su amiga de sus pensamientos. Su voz sonaba ronca.

- O de sed - objeto Fiora poniendo la cantimplora del revés dejando caer las escasas gotitas de agua. - Mi cantimplora ya está vacía y a la tuya poco le queda.

- En realidad se acabó anoche, lo siento, tenía la boca más seca que una uva pasa.

- No te disculpes conmigo. Saldremos de esta, ya lo veras. - Aunque en realidad no estaba muy convencida de sus palabras.

No soportaba  verlo así, a pesar de que aún conservaba esa pequeña chispa que tanto le caracterizaba, ya nunca sonreía y solía adoptar un modo negativo. Erick siempre era quien tiraba de ella, el que la animaba a seguir adelante, el positivo de la relación. Pero en esa ocasión… era Fiora quien debía hacerlo, debía luchar por los dos, mantenerlos a salvo. La joven llego a pensar que en algún momento de aquella expedición su amigo entro en alguna clase de trance, aunque no podría asegurarlo.

- Quédate aquí, voy a ver si veo alguna mora o algún tipo de fruta por los árboles.

Si bien Fiora hubo estado especulando con la caza de animales el día de la acampada, realmente no sentía que pudiera hacerlo, no sentía que pudiera arrebatar una vida con sus propias manos, y mucho menos aun la de un ser tan inocente y puro.

- ¡De eso nada! No pienso dejarte sola voy contigo.

- Está bien, vamos.

No deseaba discutir con él, por lo que acepto con pesar su proposición. Ansiaba que Erick se sentase a descansar un rato, mientras ella se encargaba de buscar alimento, por otro lado sintió gran alivio de que le acompañase, pues pensar en permanecer demasiado tiempo separado de él le aterraba ¿Y si pasaba algo? ¿Y si perdía a su amigo y no le volvía a encontrar?

Los muchachos rebuscaron entra la basta vegetación hasta que finalmente hallaron unas zarzamoras, Fiora se rasgó la mano un par de veces tratando de atrapar el fruto que esta le ofrecía, aun así logro hacerse con un puñadito que metió en la fiambrera ahora vacía de su amigo, donde anteriormente estuvo el lomo que llevo a Missi. También halló unas setas, no obstante no podía asegurar si eran comestibles. El padre de la chica trato de enseñarle cuales eran buenas y cuáles no lo eran, pero la muchacha siempre se aburría con esas clases y no prestaba demasiada atención. Cuan arrepentida se sentía entonces. Sin embargo, sí reconoció otro tipo de hongos que se hallaban no muy lejos de donde estaban los primeros. Fiora supo al instante que eran comestibles por lo que agarro todos los que había y los coloco junto con las moras. Siguió andando con la buena suerte de encontrar bajo unas hojas, unas cebollas silvestres. ¿Cómo habían estado tan ciegos de no ver todo el alimento que les ofrecía aquel paraje?

La muchacha no pudo evitar preguntarse como cocinarían aquello.

Erick se encontraba cerca de una charca llenando las cantimploras. El agua parecía ser potable. Cuando termino se giró y miro sonriente a su amiga mientras se acercaba a ella. Por fin aquella sonrisa que tanto anhelaba, ¿volvía a ser él? Finalmente podrían saciar el hambre y la sed. La suerte parecía haberse puesto de su parte.

¿¡Pero que!? ¿Qué había sucedido? De repente Erick cayó desplomado en el suelo. Fiora Corría lo más rápido que podía para auxiliarle, pero... << ¡Auh! >> Noto un pinchazo en el cuello, sentía pesados todos los músculos del cuerpo. Se cayó al suelo. Los parpados le pesaban demasiado…. ¡Oh no! era demasiado tarde, estaba perdiendo la consciencia.

<< Erick, lo siento. >>

 

 

 

 

 

 






 Capítulo 3: ¿Quién es ella? 

miércoles, 9 de abril de 2014

Isanrra: Capítulo 1 La cueva


   Capítulo anterior : Prologo
  

Erick, se presentó en casa de su amiga cuando está aún estaba por empezar a desayunar. Fiora se levantó de la mesa, gruñendo algo imperceptible, y fue a recibir a su amigo a la puerta.

- El desayuno es la comida más importante del día ¿Sabes? - Indico con cara de pocos amigos. Y volvió a girarse para regresar al comedor.

- Lo sé, lo sé, el desayuno es sagrado para ti. Come tranquila. - Respondió este con desdén mientras cerraba la puerta tras él. 

 Erick siguió a Fiora, la cual volvió a sentarse mirando su tostada ya templada con mala cara, mientras que él se tiró sobre la alfombra del suelo depositando su mochila a un lado. Missi se acercó correteando hacia el muchacho y comenzó a ronronear y a restregarse al lado de la bolsa de este, erizando sus bigotes.

Fiora los observaba sin poder evitar recordar con nostalgia la primera vez que llevo a su hogar al pequeño minino, como podría olvidarlo. Aquel animal estaba tan asustado, que se escondió detrás del sofá, en donde pasaría varios días antes de confiar en ella.

<< ¿Qué mente enferma abandonaría a una criatura tan pequeña e indefensa? >> pensó mientras trataba de atraer a Missi hacia ella con un cachito de jamón. << Tal vez no fue así, tal vez su mama gata tuvo una camada por los alrededores y Missi se perdió. >>

Era asombroso lo rápido que crecía. Su pelaje era cortó y suave, de un color gris pardo con unas delgadas líneas negras aquí y allá. Gozaba de unos preciosos ojos esmeraldas, y le asomaban unos pelitos por detrás de las orejas y bajo las mejillas. Hubo un tiempo en que Fiora pensó que tal vez procediese de un linaje de linces, pero lo descarto al instante, ya que no habitaban por aquella zona y al fin y al cabo era demasiado pequeña.

Tras varios arrumacos, ronroneos, maullidos, incluso zarpazos cariñosos, Erick, al fin se decidió a sacar de la bolsa la pequeña fiambrera con cachitos de lomo de la cena del día anterior que había reservado para ella. Este, Siempre le guardaba lo que fuere que sobrase cuando su madre hacia exceso de comida, lo cual solía ser de forma muy continua.

 << Es un amor >> pensó Fiora.

 

Podría decirse que la muchacha desayuno tan rápido como le fue posible, pero si éramos honestos, no se esforzó demasiado por apresurarse. Tras haber saciado su hambre, se encamino a su habitación, termino de preparar su macuto y se desprendió de su  pijama de ositos, sustituyéndolo ahora por unas mallas negras y una camisa de cuadros marrón.

Antes de proceder a abandonar su casa, Fiora, se despidió con un dulce besito de Missi, a la cual no pareció hacerla demasiada gracia, y se aseguró de dejar repartidos por toda la estancia, cuencos con pienso y agua. Solo serían un par de días, pero más valía ser prevenidas.

 

Desde que los muchachos comentaron que se organizaría una acampada, Fiora, no podía hacer más que deliberar y fantasear con todas las actividades complementarias que podrían realizar. Se presentaría voluntaria para recolectar madera y encender una fogata en donde asar la comida, le pediría a Cora, una de sus mejores amigas junto con Erick, que fuese su ayudante en la labor, y así hablarían de todos los cotilleos que se habían perdido en aquellos meses. No obstante y a pesar de las elucubraciones de Fiora, ella sabía que nada sucedería así pues sus compañeros llevarían bocatas, y  probablemente no prendiesen una hoguera por miedo a provocar un incendio forestal. Si tenían frio se cubrirían con sus sacos de dormir y si la comida estaba fría utilizarían el campin gas.

 

El gran todoterreno negro, circulaba a través de la vegetación. Fue Luis quien se animó a llevar a Cora, Erick y por supuesto a Fiora; A su lado de copiloto, iba Megan, su novia, con la que llevaba ya cinco años, su primer amor.

Fiora iba en la parte de atrás mirando distraída por la ventanilla y a su lado estaba Cora con una sonrisa de oreja a oreja, parecía muy feliz de volver a ver a su amiga. Erick al otro lado del vehículo observaba a sus amigos sin articular palabra, inconscientemente esbozo una pequeña sonrisa, feliz de que finalmente volvieran reencontrarse de nuevo.

 Fiora, iba tan ensimismada pensando en sus fantasías, que apenas fue consciente del trayecto hasta que el vehículo se detuvo frente a unos inmensos robles.

Como fueron el primer grupo en llegar, tuvieron que esperar alrededor de veinte minutos a que el resto de sus amigos los alcanzase.

- Oye Fiora, ¿Qué te ha pasado en el cuello? - Pregunto Luis mientras sacaban las cosas del maletero.

- ¿A qué te refieres? -  La muchacha palpo su cuello crispada - No tengo nada.

- Sí, es cierto tienes toda la zona morada ¿no te duele? - Los profundos grises ojos de  Erick, se clavaron en Fiora a través de sus lentes, parecía un tanto molesto por no haberse dado cuenta antes de las heridas de su amiga.

Fiora Odiaba ser el centro de atención y en aquel momento todas las miradas se dirigían hacia su persona. No obstante no pudo evitar admitir que sus amigos estaban en lo cierto. Esa misma noche algo raro había sucedido pues trataron de estrangularla, y a pesar de que todo fue un sueño, cuando se miró en el espejo aquella mañana, observo unos pequeños hematomas rodeándole el cuello.

- ¡Ah! ¿Esto? - Pregunto señalando con el dedo índice el moratón de su garganta -  no es nada, es solo que… soy sonámbula. - Y con un sencillo gesto en la mirada dio a entender que la conversación había finalizado, cargo su mochila a la espalda, agarro la tienda de campaña de Erick con una mano y un faro con la otra, y se alejó de ellos.

 

 

Anduvieron durante más de una hora, esquivando piedras, raíces, y toda clase de  obstáculos que se interpusiesen por el camino. Fiora tropezó en más de una ocasión, de no ser por sus compañeros, que la sujetaban asiduamente, hubiese caído en más de una ocasión.

Comenzó  a frustrarse debido al cansancio, dando pie a su lado más gruñón. Su mirada se tornaba ahora con un ceño fruncido y una agitada respiración por la fatiga. Ningún sitio era perfecto para montar la tienda, <<nada  demasiado terrorífico>> Pensó. << “Que si esta zona queda demasiado a la intemperie, que si aquí hay demasiados árboles, tiene pinta de haber animales salvajes, hay muchas piedras, este suelo no me gusta…”>> Todo eran inconvenientes para sus amigos.

Una  inmensa desesperación se retorcía por sus entrañas cuando finalmente parecieron hallar el lugar ideal, << ¡aleluya! >> Fiora comenzaba a sentir las piernas como si fueran de gelatina, le flaqueaban las fuerzas, a cada paso que daba más le temblaban, por no mencionar que la mochila que cargaba sobre los hombros se sentía cada vez más pesada.

Cuando se detuvieron en la explanada, Fiora arrojo la bolsa contra el suelo, poso sus manos sobre la cintura y recorrió la zona con la mirada. Pensó que aquel lugar no era nada que no hubiesen visto camino atrás, la misma vegetación salvaje, las mismas piedras y las mismas raíces. La única diferencia que parecía haber, era un árbol caído y ya medio podrido por la humedad.

- Vamos ayúdame a montar la tienda - Ordeno Erick.

-¿De verdad? - Preguntó atónita. Al ver que su amigo la miraba sin comprender continuo; - oh vamos, acabamos de llegar, tenía la esperanza de sentarme un rato y beberme al menos cuatro litros de agua. - Pero Erick la echo una mirada severa que indicaba claramente que no iba a gozar de un descanso, al menos no por ahora.

- Buenos ¿cómo estás? ¿Sigues luchando por salvar al mundo de la invasión alienígena? - Preguntó el muchacho en tono burlón mientras le pasaba un extremo de la tienda a Fiora.

- ¿Qué?

- ¿Sigues teniendo esos sueños tan extraños?

Por supuesto Erick estaba al tanto de la existencia de sus quimeras. Normalmente se lo contaba todo, pero en aquella ocasión se vio obligada a hacerlo.

Cuando el padre de la chica falleció, está lo último que deseaba era permanecer sola en su hogar. La angustia y la depresión se apoderaban de ella, en el momento exacto en que no tuviese nada con lo que distraerse. Así pues, llamo a su amigo y le pidió que se quedase un par de días con ella. La primera noche, Fiora volvió a soñar con Adelbert. En aquella ocasión, estos estaban solos, con la pequeña excepción de eran perseguidos por un grupo de hombres armados con espadas. Sus persecutores vestían todos del mismo modo, con ropas oscuras que tapaban prácticamente cada milímetro de su piel, un rasgo que les caracterizaba eran esos tatuajes que llevaban en la cara. Fiora y Adelbert corrían a la velocidad del viento a través del bosque, salteando los diferentes obstáculos que se interponían ante aquella libertad tan ansiada, pero el gran sentido del equilibro de Fiora volvió a traicionarla, terminando por tropezar con algo, y provocando así que uno de los hombres que los seguían, le capturase. Este agarró el brazo de la muchacha levantándola del suelo y atrayéndola hacia él, Fiora no pudo zafarse de sus garras y no tuvo tiempo de reaccionar antes de que aquel hombre fiero y con expresión sombría, la clavase un puñal en el abdomen.

En aquel instante Fiora se despertó aullando de dolor, palpando el lugar en donde se clavó el puñal, pero no había nada, su abdomen estaba completamente limpio. Erick preocupado por su amiga, fue corriendo al dormitorio de esta, con el fin de averiguar que había ocasionado aquellos gritos de terror, y la encontró incorporada sobre la cama con una mirada de auténtico pánico sobre el rostro, empapada de sudor.

Tras largo rato conversando con él sobre los extraños sueños que a menudo la visitaban, se sintió totalmente aliviada. No había sido consciente hasta ese momento, de lo mucho que necesitaba desahogarse con su mejor amigo, y no con su psicólogo, el cual no pareció ayudarla.

- ¡Ah! sabes que sí, no creo que se me pase de la noche a la mañana.

- Lo sé. ¿Y eso te lo has hecho durmiendo? - Preguntó señalando el moretón del cuello de su amiga, esta vez con expresión preocupada. - ¡Vamos, sé que no eres sonámbula! He dormido contigo un montón de veces.

- Admito que no sé cómo me lo he hecho Erick, pero ¿Qué otra cosa puede ser? Anoche tuve un sueño en el que un hombre me agarraba del cuello, y hoy tengo esto - Señalo su cuello. Lo más lógico es pensar que me estrangule a mí misma.

- ¿Has pensado en visitar otro terapeuta?

- ¿Otro? Ya he estado en doscientos loqueros y he probado con mil medicamentos y ninguno funciona. - Exageró.

- Sigo pensando que deberías ir, no puedes seguir de este modo Fiora ¡Mira lo que te has hecho! La próxima vez podría ser peor ¿Y si…

- ¡Listo! - Interrumpió ella haciéndole ver a su amigo que habían terminado de montar la tienda. Sonrió con descaro y dio por zanjada aquella conversación. Carecía de sentido hablar de ello, jamás llegarían a un acuerdo. Fiora detestaba los médicos, los psicólogos,  los hospitales y todo lo que tuviese que ver con ellos. Tuvo suficientes experiencias con estos en el último año. No supieron ayudar a su padre con la enfermedad que portaba, y no lo harían con ella.  Se prometió a si misma que si su vida no corría verdadero peligro de muerte, no volvería a dirigirles la palabra.

Ambos metieron sus pertenencias en el que sería su refugio nocturno,  y extendieron los sacos de dormir para no tener que hacerlo más tarde.

 

 

Poco después, se reunieron con el resto del grupo, que ya habían terminado de montar el campamento, y se lo pasaron de fábula colocando en círculo algunos tocones, que utilizarían como asiento. Si los datos de Erick eran correctos, aquel seria el escenario que utilizaran los chicos para atormentar a sus amigas con unas estúpidas leyendas urbanas.

-  ¡Vamos, venid aquí! - Gritó Luis  haciendo un gesto con la mano para que tomasen asiento - Estamos picando algo.

Fiora se fijó en la toalla que habían extendido sobre el suelo, con una infinidad aperitivos sobre ella, había maíces, gusanitos, queso, pan, galletas, y un tipo de fruta que no le era familiar, entre otras cosas. Obedeció a Luis y se sentó junto a una chica que no conocía de nada, al mismo tiempo que agarraba un pequeño puñadito de maíces.

- Hola, yo soy Clara-. Señalo la chica mostrando una deslumbrante hilera de dientes. - No nos han presentado.

- Fiora, mucho gusto ¿quieres? - Extendió la mano ofreciéndole los maíces.

- No gracias, los he traído yo y ya estoy bastante llena.

<< ¡Mierda! A esto se le llama quedar mal. >>

- Muy ricos - sonrió.

Menudo embrollo. Miro a su amiga Cora que se encontraba frente a ella, con ojos suplicantes. Cora estaba riendo, por lo que dedujo que debió haber visto toda la abochornante escena, y no parecía que fuese a acudir en su rescate.

<< Tranquila, piensa. ¡No es justo! no sabía que había que traer cosas ¡No tengo nada que ofrecerle! >> pensaba Fiora.

- Bueno… y ¿Qué haces, estudias o trabajas? - Pregunto Clara, la muchacha que acababa de conocer. Fiora Agradeció la pregunta, por fin algo de qué hablar. Buscar temas de conversación no era algo que se le diese especialmente bien.

- Trabajo en un supermercado a las afueras de mi pueblo ¿Y tú a que te dedicas?

- Estudio en la universidad.

La conversación concluyo en aquel instante. Clara se despidió, poniendo como excusa que debía hacer una llamada, algo que Fiora pudo agradecer, pues la charla se había tornado bastante incomoda.

No podía dejar de pensar en Missi, nunca antes había pasado una noche sola en casa, sabía que estaría bien y no obstante no podía evitar preocuparse ¿y si se sentía triste? ¿Y si pensaba que le había abandonado?

<< ¡Por favor, Fiora relájate! Estará bien, sabe cuidar de sí misma, es lista. >>

- ¡Fiora!

- ¡Madre de dios que susto me has dado! - La sutileza de Cora la devolvió de vuelta al planeta tierra.

- Jajaja lo siento. ¿Te vienes a dar una vuelta? Me apetece investigar un poco, y además me aburro de oír hablar tanto de videojuegos. - Parecía no querer aceptar un no por repuesta.

- ¿Os importa si me apunto? - Intervino Erick. Su voz sonaba casi a suplica. - Si preferís estar solas lo entenderé.

- No hay problema - Concluyo Cora mientras se levanta y sacudía con gracia la suciedad del pantalón.

Fiora y Cora  se conocían desde hacía poco tiempo, pero lo cierto era que habían conectado muy bien. Tanto que esta se había convertido en su mejor amiga. Cora era el tipo de mujer en la que todos los hombres se fijarían, rubia, ojos azules, un cuerpo espectacular, y para más inri una bellísima persona. Sin embargo Fiora era todo lo opuesto, una chica del montón, con la tez más bien pálida y una melena ondulada y rojiza que le llegaba por los hombros, cabe añadir que también era un tanto huraña y quejica.

 

Los tres muchachos cruzaron un camino, que parecía estuviese hecho por manos humanas más que por la madre tierra. A cada lado del sendero, bien posicionadas, había rocas de distintos tipos y tamaños. Realmente era una imagen digna de ver. Aun con todo, no era un pasaje agradable. Cada poco rato, les saludaban esas dichosas y elevadas cuestas que acabarían destrozándole por completo las piernas a Fiora, pues aún no se había repuesto del todo del trayecto anterior. Subían y subían, esa tortura no acabaría nunca. Llegó a plantearse si aquel lugar tendría una cima, un final. ¿Hasta dónde quería ir Cora? Se encontraba débil, hacia demasiado tiempo que no se pegaba esas caminatas y había perdido mucha resistencia. Por un momento deseo regresar al campamento, sentarse y comer algo. Sus amigos iban por delante de ella hablando de cosas intrascendentes, mientras la pobre muchacha luchaba por alcanzarlos.

Pero entonces, a lo lejos algo capto su atención. Una cueva. No estaba segura de si debía detener a Cora y Erick. Pero qué diablos, habían ido a investigar ¿no? Y además, sería una buena excusa para descansar.

- ¡Eh chicos! Quiero ir allí. - Grito señalando en dirección a la cueva, mientras se mordía nerviosa el labio inferior.

 Cora miro la entrada de la cueva con una expresión que no sabría definir. Finalmente ambos asintieron.

De lejos se veía deslumbrante. Un gran arco rocoso cubierto de estalactitas, sin embargo no parecía estar muy deteriorada. Una vez en el interior la imagen no era peor, la  mayor parte de la superficie estaba cubierta por un terreno boscoso de tonalidad verdosa, los rayos del sol se filtraban  reflejándose en el pozo de agua azul que se mostraba a pocos metros de distancia. El cuadro era  realmente espectacular. Parecía que el lugar tuviese una  luz propia.

- Yo ya he estado aquí - Murmuro Fiora sin pensar.

- ¿Enserio? - Preguntaron al unísono sus compañeros - ¿Cuándo? - Prosiguió el.

Conocía a Erick desde que eran tan solo unos renacuajos, sus padres eran amigos desde años atrás  y con el tiempo continuaron conservando esa amistad. Solían llevarlos juntos de excursión, de paseo, al parque a patinar, una de las aficiones favoritas de Fiora por aquel entonces. Por no mencionar que siempre los inscribieron en los mismos colegios; desde parvulitos, hasta secundaria. Pero a Erick no le resultaba en absoluto conocido aquel paraje.

- No lo sé.

La sensación de familiaridad era abrumadora, no lograba recordar cuando había estado allí. Tal vez de pequeña, en una de las muchas expediciones a las que iba con su padre. Era lógico que se le hubiese olvidado, pues ella tendría muy pocos años, y habían ido a tantos sitios que resultaba imposible recordar todos ellos.

Cruzaron por al lado del  pozo y se adentraron por uno de los pasadizos. A pesar del gran temor que sentían de perderse, la curiosidad se apoderaba irremediablemente  de ellos. A más se adentraban, la superficie se tornaba cada vez más rocosa con pequeñas grietas de vegetación aquí y allá. Cora iba corriendo de un lado a otro, saltando y riendo como una niña pequeña, no se podría decir quien estaba más entusiasmado por estar allí.

-¡Mirad!  - Bramo.

Se encontraban en una especie de estanque. El agua se veía pura y cristalina y no parecía tan profunda como la del pozo que habían dejado atrás. Parecían aguas termales, pues un pequeño vapor de humo se alzaba sobre ella.

- Mira está caliente. Tócala.

Fiora se inclinó muy cerca de ella y aquellos ojos azules como alhajas se cruzaron con los suyos, hundió la mano en el agua y… No había una descripción posible para aquella sensación. Sí, estaba caliente pero… había algo más, un cosquilleo recorrió su brazo, no adivinaba lo que era pero quería más, quería sentirlo por todo el cuerpo, por todo su ser, realmente lo deseaba, lo anhelaba, ¡no! Era algo más.

 Lo necesitaba.

- ¿No os dan ganas de daros un chapuzón? - La pregunta de  Cora la saco de su embelesamiento con sorpresa. ¿Acaso habría sentido lo mismo que Ella?

- Pero… Cora… no hemos traído el traje de baño, nos lo hemos dejado todo en el campamento - Indico Erick ruborizado.

- ¿Cuál es el problema? No necesitamos un bañador para entrar ahí ¡Venga! No aceptare un no como respuesta - La idea de quedarse en paños menores bajo la mirada de sus amigos no era algo que a Fiora le agradase, por otro lado estaba aquel repentino deseo. Saco la mano del estanque para quitarse aquella idea de la cabeza. Cora adivino lo que pensaba su amiga y acto seguido propuso ir al campamento a por los trajes de baño.

Fiora, sin responder a su amiga, aparto la vista de ella y de nuevo volvió a fijarla en aquellas aguas cristalinas sumergiéndose en un estado de absoluta tranquilidad y relajación.



 Capítulo 2 : Amnesia 

Jessy